Roma impone su ley con paraguas

El público se protege de la lluvia mientras contempla la representación de los juicios, en la plaza del Ayuntamiento. / pablo sánchez / agm
El público se protege de la lluvia mientras contempla la representación de los juicios, en la plaza del Ayuntamiento. / pablo sánchez / agm

Unas 200 personas resisten la lluvia para ver la reconstrucción en tono de comedia de dos pleitos reales de hace dos mil años

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLES

Una decena de intérpretes bien conjuntados demostró ayer por la tarde en la plaza del Ayuntamiento, ante unos 200 asistentes, que ni siquiera la lluvia que les molestó al inicio podía apartarles de la ley de Roma. El estreno de 'Dura lex, sed lex' se impuso a la meteorología adversa y lo hizo con cierta gracia, bastante agilidad y nutridos aplausos al final.

«A ver si esto es breve, que enseguida tengo un 'refrigerium' en las termas», advirtió, recién entrado en la escena, el responsable de organizar los dos actos judiciales previstos, gobernador Marco Claudio Marcelo en la ficción. Acababa de comenzar la sesión, que fue representada en tono de comedia pero sin perder el rigor jurídico. No en vano, los casos eran reales y contaban con el aval en la documentación de Adolfo Díaz-Bautista, catedrático de Derecho Romano, que presentó el evento.

De actualidad

Igualdad
En el primer pleito, sobre un atropello, salió a relucir el tema de la igualdad de derechos, porque la ley romana impedía a la mujer intervenir como parte en un juicio. «Algún día llegará la revolución feminista», dijo la acusada.
Mar Menor
En el segundo pleito, por un caso de contrabando de tintes, salió como tema adicional el de la contaminación del Mar Menor. «En el futuro lo lamentaremos», predijo uno de los actores.

Los contendientes del primer pleito comenzaban a exponerlo cuando empezaron a caer gotas. La aparición de un buen número de paraguas entre el público demostró que había acudido preparado para resistir. Y así lo hizo, mientras los actores en el escenario no se dejaban distraer por un chubasco que arreció durante tres o cuatro minutos y luego dio una tregua. Posteriormente volvió a haber alguna recaída menor, pero para entonces los asistentes y los intérpretes ya estaban metidos en la acción.

Machismo y medio ambiente

La adaptación de los casos reales de hace veinte siglos tuvo el buen tino de complementarlos con temas de actualidad. Para empezar, el gobernador en funciones de pretor tuvo que escuchar las cuitas de un patricio que había perdido dos esclavos atropellados por un carro de bueyes y reclamaba una indemnización de 4.000 sextercios a su dueña. El deseo de esta de defenderse por sí misma en la audiencia judicial fue rechazado, en aplicación de la legislación romana, y llevó a poner sobre la mesa la igualdad entre los sexos. «¡Machista! Algún día las mujeres haremos la revolución feminista y seremos abogadas, juezas e incluso gobernadoras», clamó la acusada. «Pero hasta ese día necesitará usted un representante legal», le exigió el pretor.

En el segundo pleito, referido al contrabando de esencia de púrpura denunciado por un comerciante para conseguir 40.000 sextercios de indemnización, los intérpretes aprovecharon para aludir a la contaminación marina. «Caius Aquinus Mela no solo embarcó ese tinte entre el cargamento de plomo de mi mandante, sino que ademas lo obtuvo a partir de miles de caracolas que sembró por todo el Mar Menor. Es muy contaminante y lo pagaremos caro en el futuro», aseguró el romano que hacía de abogado de la acusación.

La reflexión del público

Quince minutos fueron suficientes para exponer cada uno de los dos casos, sin cansar al público. En el procedimiento, se designó a un funcionario llamado a ejercer como juez, tal y como se hacía en Roma. Sin embargo, tras la exposición de cada pleito, este quedó visto para sentencia y sin resolver. El público tuvo que reflexionar y sacar sus propias conclusiones sobre quién tenia razón.

Tras los dos breves juicios romanos, tuvo lugar la representación de los Comicios Centuriados. Durante cincuenta minutos, medio centenar de festeros rememoraron la campaña del general Escipión para convertirse en jefe de las legiones romanas y partir para invadir Qart Hadast.

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