Caña y tapa para afrontar la lucha

Una turista hace una foto a la legión Fuerzas de Choque Extraordinari, en la Plaza San Francisco. / P. S. / AGM
Una turista hace una foto a la legión Fuerzas de Choque Extraordinari, en la Plaza San Francisco. / P. S. / AGM

Tropas y legiones celebraron comidas de hermandad y llenaron los bares en una jornada en que la fiesta se vivió en el centro

Antonio López
ANTONIO LÓPEZ

El jolgorio les delataba mucho antes de llegar a la Plaza José María Artes. Allí, las Tropas de Baal-Hammón ocupaban gran parte de la terraza del restaurante tapería Tambalache, donde casi una treintena de festeros comían y bebían. A las misma hora, en la Plaza del Rey, pero mucho más tranquilos, la gran familia que es la legión Vigiles de Carthagonova disfrutaba de su gran día de hermandad. Mientras el campamento aún se recuperaba de la resaca de la noche anterior, donde la fiesta se alargó hasta el amanecer, las calles del casco antiguo acogieron ayer el día de convivencia de tropas y legiones.

La mayoría de sus integrantes eligen esta jornada, la de la batalla, para reunirse a tomar el aperitivo en el centro, comer y después asistir al gran acto de las fiestas, en la Cuesta del Batel. Entre ellos Magistrados de Roma, que reservó mesa en la terraza del restaurante La Tartana, para «reponer fuerzas e irnos después al gran momento de estas fiestas», comentó uno de sus integrantes, Luis del Valle. Este grupo, como la mayoría, se junta cada año «cerca del puerto, para disfrutar del ambiente y de los actos del día», añadió.

Muy cerca de allí, en el bar Cotton Grill, Caballeros e Isis de Carthago, una tropa compuesta por alrededor de medio centenar de festeros, se preparaba para comer. «Nos gusta juntarnos este día para disfrutan de unas fiestas que cada año van a más», contó Ignacio Aguilera. Pocas calles del centro histórico quedaron a mediodía en silencio. El bullicio y el estruendo del grupo de gaiteros Celticue se entremezclaba con los turistas y visitantes, especialmente en la Plaza San Francisco, donde estaba la legión Fuerzas de Choque Extraordinarii.

En un trenecito

Lo que más se hicieron notar fueron los de las Tropas de Aníbal, una de las más antiguas de las fiestas. Como cada año, alquilaron dos trenecitos para pasear por las calles del centro, hasta hacer una parada y reponer fuerzas, también en la Plaza de San Francisco.

Disfrutando de un tinto de verano con un pulpo a la cartagenera en el bar Tranvía estaban Antón y Paula, una pareja de burgaleses, que junto a unos amigos de Salamanca pasan el fin de semana en la ciudad. «Nos cogemos las vacaciones en septiembre y este año hemos decidido venir aquí. De momento, nos gusta mucho el ambiente. Lo estamos pasando muy bien», dijeron. No faltaron a la fiesta Guerreros de Uxama, que establecieron su cuartel general de mediodía en la Plaza Juan XXIII, donde tras la comida, Honderos Baleares y Mercenarios Celtas también se dejaron ver.

Ya cerca de las cinco de la tarde, los primeros desfiles de legiones romanas de camino al puerto y la Cuesta del Batel se vieron por las calles Puerta de Murcia y Mayor. Las bandas de música, seguidas del grupo al grito de «A la guerra» y de tambores, imprimieron un ambiente festivo momentos antes del desembarco romano. Sobre las cinco de la tarde, decenas de personas se acercaron al muelle a ver este acto previo al enfrentamiento entre tropas y legiones.