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Utopías

La tecnología, cada vez con mayor solvencia, va ofreciéndose a los científicos para ver si dan con la clave del comportamiento inteligente

Alberto Requena
ALBERTO REQUENA

La inmensa mayoría de los desarrollos en el ámbito de la que se dio en denominar Inteligencia Artificial, adelantándose en mucho a la realidad presumible, son programación inteligente. Seguimos lejos de que las máquinas sientan pena, remordimiento o miedo, lo que les aproximaría a los humanos. Siguen vigentes los test de Turing y sigue quedando camino por recorrer. La ciencia ficción, a nivel de película de serie, ya incorpora ordenadores asesinos en el casting. Pero estamos en los albores, aunque la tecnología, cada vez con mayor solvencia, va ofreciéndose a los científicos para ver si dan con la clave del comportamiento inteligente.

En el último siglo, ya herramientas acreditadas, la explosión del conocimiento científico ha sido espectacular, sumando mucho más que todos los demás siglos de existencia juntos. Y la exponencial sigue ofreciéndose y, seguramente, los próximos años viviremos avances muy por encima de lo que hoy podamos pronosticar. Si echamos la vista todavía más atrás, nos sorprenderemos del nivel que se alcanzó en épocas pretéritas. Y por no andar con chiquitas, nos vamos a ir a finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Francis Bacon nació en 1561, filósofo, formado en el Trinity College de Cambridge y autor en 1614-1617 de la obra 'New Atlantis' ('La Nueva Atlantida'), aunque se suele datar en 1624. Falleció en 1626, cuando contaba con 65 años. En un opúsculo de 60 páginas dejó una impresionante obra en la que transmite lo que pensaba el gran filósofo y empirista sobre la organización social y el porvenir de la Ciencia y la Técnica. ¡Fantástico!

La obra de Bacon se enmarca en las utopías clásicas, describiendo un Estado ideal en el que los ciudadanos son felices, gracias a una perfecta organización social en la que los males se han reducido al mínimo. Rememora a Platón en el título, también autor de otra utopía, hablando del continente hundido, que todavía hoy sigue concitando debates. La utopía de Bacon es distinta, por cuanto no se ocupa de la economía y de la sociedad, sino de forma secundaria, y consecuencia de la dirección ejercida. Bacon se preocupa por el porvenir de la Ciencia y sus posibilidades futuras. No olvidemos que la escribe en torno a la fecha de la muerte de un insigne murciano de adopción, Gerónimo de Ayanz y Beaumont. Bacon tiene claro que la Ciencia orienta el interés hacia la conquista de la Naturaleza por el hombre. Y hace predicciones: submarino, micrófono, crecimiento artificial de los frutos. Indirectamente sugiere la importancia de la Técnica, que Ortega concretaría mucho tiempo después, por cuanto Bacon dejó dicho: «La armonía entre los hombres, puede alcanzarse mediante un control de la Naturaleza que les facilite los medios precisos para la vida». Esto jamás ha sido logrado en la Historia de la Humanidad, aunque de forma lapidaria Ortega dejara dicho en la inauguración de la Universidad Menéndez Pelayo en el Santander de 1933 que, «sin la Técnica, el hombre no hubiera existido ni existiría jamás». Después dedicó doce clases a evidenciar que la afirmación era correcta. Se puede comprobar en el magnífico ensayo que publicó La Revista de Occidente y Alianza Editorial en su día.

En el pensamiento de muchos, «lo que es posible es realizable». Las utopías forman parte de ese ámbito. Las utopías anticipan el futuro y son críticas del presente. Bacon se preocupaba de problemas científicos y técnicos, más que de los sociales. Anticipó inventos que se tardó mucho en materializar. Creó como utopía la Casa de Salomón, sociedad cuyo objetivo era dirigir la vida del país y que fue el modelo para crear la Royal Society inglesa que tanta incidencia ha tenido en la Ciencia y la Técnica del mundo entero. Fue creada en 1660, sobre lo que denominaba Boyle, El Colegio Invisible, que figura en la correspondencia de éste en 1646 y 1647. Se reunían una vez a la semana y estaba prohibido hablar de la divinidad, asuntos de Estado o de actualidad, para evitar desviar las discusiones y así centrarse en temas de la Nueva Filosofía y materias relacionadas: Medicina, Anatomía, Geometría. Navegación, Estática, Mecánica y toda la gama experimental. Era una Sociedad para la promoción del Saber Experimental Físico-Matemático. Tenían una cuota de entrada y otra aportación semanal para sufragar los experimentos. Se fijó el número en 55. El primer presidente fue William Brouncker y el primer Comisario de Experimentos Robert Hooke. Desde 2015 es Venkatraman Ramakrishnan.