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Eterna vigilia

Alberto Requena
ALBERTO REQUENA

La idea llega al inventor y no éste último a aquélla. El objetivo de un inventor es el invento. Pero éste responde a una idea. Una vez que empiezan a tomar vida, les queda un largo camino por recorrer hasta llegar, o no, a eso que con tanta frivolidad se denomina innovación. Menos de 1 en 10.000 inventos, llegan a ser innovaciones. En corporaciones muy profesionales 1 invento de cada 2.000 logra generar una innovación. El lenguaje mal empleado y «pateado» en fondo y forma, hace que en la sucesión: ocurrencia, idea, novedad, invento, prototipo, desarrollo, innovación, sistemáticamente se salten todos y se califica de innovación al más leve de los cambios que ni siquiera terminarán representando ningún avance, ni siquiera para los promotores, mucho menos para la Humanidad, como requeriría, canónicamente. el término innovación,

El nombre del inventor no siempre se asocia el invento. Casi nunca recordamos quién fue el padre de la idea. Los inventos se conocen, se confirman, se utilizan, sin asociarlos, casi nunca, a quienes los idearon. Los inventos generan una técnica nueva, se enseñan, trabajan y producen. Pero rara vez se tiene presente a la mente, como la nuestra, que vivió mucho más intensamente que nosotros, los problemas, los afanes, las esperanzas, también los desengaños que alimentaron lo que ahora disfrutamos de forma anónima. No somos demasiado conscientes de que siempre hay personas pendientes e inclinadas sobre problemas. No cuestiones relacionadas con hacer más dinero, lograr mayor fama o alcanzar mayor reconocimiento, sino intentando resolver el problema que han decidido encarar. Encontrar la solución, desentrañar la intimidad, para conocerla y tratarla. Lograr explicar cómo acontece algo. Conseguir una mejora. La idea está siempre en vigilia. En eterna vigilia.

Afortunadamente, han sido numerosas las personas que se han dedicado a estar en vigilia para que los demás nos aprovechemos. Cuando se cumplen años, en cantidad ya, no estaría mal que la reflexión nos llevara a un repaso de lo que hemos aportado a los demás. No cuanto hemos ganado o las metas que hemos conseguido, sino logros que han representado para los demás avances colectivos, innovaciones. Nos sobrarán, incluso las manos, no ya los dedos. Algunos como Siemens, aportaron inventos abundantes, equilibrando lo de muchos otros humanos estériles. Dio la respuesta europea continental a la máquina de vapor de agua del escocés Watt. Siemens fue el pionero de la electrotecnia, desarrolló un proceso de galvanización, un telégrafo de aguja y presión, cables eléctricos aislados con gutapercha para tendidos submarinos, ejecutó tendidos telegráficos continentales y transoceánicos y produjo locomotoras eléctricas. Sabiendo la importancia de la Ciencia y la Técnica y valorando ajustadamente su importancia, fue un mecenas de la investigación y participó en la fundación del Instituto Imperial de Física y Técnica, en Alemania, de la mano de von Helmholtz. No se trataba de producir cosas para su negocio, sino para el avance de la Humanidad. La muerte de su mujer, Matilde, le sumió en una depresión notable. La paradoja es que él, que tanto hierro había manejado, no fue capaz de suplir la deficiencia de su mujer que también presentaba anemia cuando falleció. Hasta entonces, Siemens había trabajado para lograr la felicidad, ahora lo hacía para olvidarse de la que había tenido hasta entonces.

Arago había descubierto que colocando una bobina aislada alrededor de un núcleo de hierro y haciendo pasar corriente, el núcleo de hierro se hacía magnético. Faraday invirtió el experimento y se originaba una corriente en una bobina colocada en el interior de una barra imán. En Francia e Italia se pretendía producir corriente eléctrica en grandes cantidades, haciendo girar una bobina entre dos imanes de acero. La corriente que se obtenía era muy débil. Se supuso que los polos magnéticos eran débiles. Se aumentó el tamaño de las máquinas, pero no de la corriente. Siemens tuvo una idea: todo magneto inducido artificialmente tiene una huella de magnetismo y este remanente es suficiente para producir corriente en un rotor. Si conducimos esta corriente por las espirales de la magneto, reforzamos su magnetismo y producirá a su vez, en el rotor, una corriente nueva más intensa. Si obramos así sucesivamente la incrementaremos hasta el límite de la instalación. En el primer ensayo reventó el galvanómetro. Siemens había descubierto el principio dinamo-eléctrico. El trabajo se convertía en energía eléctrica. Esta a su vez en trabajo. Los electromotores empezaron a rodar. Se inauguraba la era del alto voltaje. Probablemente la más alta invención jamás realizada por el hombre. Supuso una innovación. Ahora lo sabemos. ¡Y disfrutamos!