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Mariposas del alma

Alberto Requena
ALBERTO REQUENA

Santiago Ramón y Cajal es, seguramente, el científico de mayor entidad en España y uno de los más importantes de la Humanidad. Descubrió las neuronas. Les dotó de una componente artística a las que poéticamente denominó «mariposas del alma». Su impulso se ha mantenido a lo largo de las ocho décadas transcurridas desde su muerte. Hoy, la neurociencia es posiblemente la rama científica que concita al mayor número de investigadores. Pese a ello, los secretos del cerebro se resistan a ser. Los avances son lentos, habida cuenta las dificultades para estudiar el cerebro humano.

Recientemente, se ha descubierto una parte del cerebro, desconocida hasta el presente, y se ha denominado escaramujo, como la rosa canina que es el fruto del rosal silvestre. Forma parte de las especies denominadas genéricamente «frutas del bosque». Lo curioso es, que su forma es la que parece reproducir la estructura neuronal.

El avance que ahora se produce consiste en el descubrimiento de una serie de neuronas, que con una forma similar al escaramujo, controlan el flujo de información que va de unas zonas a otras del cerebro. Las dendritas se ramifican como simulando la configuración del escaramujo, con unos abombamientos finales del fruto y se asimilan a los de los finales de los axones, que liberan los neurotransmisores que alcanzan a otras neuronas, lo que supone una ramificación muy densa, como apunta Bakken en la publicación de Nature Neuroscience, que fueron los que la bautizaron así. Han trabajado dos equipos independientes: uno norteamericano y otro húngaro, que, finalmente colaboraron. Uno de ellos trabajó sobre tejido postmortem y el otro sobre vivo, procedente de una extracción mediante cirugía cerebral.

Están ubicadas en el neocórtex, que es la capa externa del cerebro y se desconoce su función. Aquí es donde se albergan y acumulan los recuerdos, habilidades, conocimientos y experiencias. La conciencia humana se configura aquí. Hay dos tipos de neuronas en el córtex, las denominadas excitadoras y las inhibidoras. Un armonioso equilibrio entre estos tipos es imprescindible para el correcto funcionamiento del córtex. El segundo tipo, el circuito inhibitorio, es el que se asigna al tipo de neuronas ahora descubiertas, el escaramujo, que está conectado a un tipo de neurona denominada piramidal, que introdujo Ramón y Cajal, que son excitatorias y vienen a representar la tercera parte del córtex y están implicadas en la planificación de comportamientos cognitivos complejos, como la personalidad, toma de decisiones, conducta social, así como adaptación a las circunstancias. Juegan un papel decisivo en las funciones cognitivas.

La aportación de Cajal se incrementó considerablemente cuando conoció la reacción de Golgi que coloreaba las células cerebrales. Se forman depósitos opacos intracelulares, como consecuencia de la reacción entre el dicromato potásico y el nitrato de plata. El avance radicaba en que se podían observar los detalles de una neurona completa, sin la interferencia de las vecinas. Aquí nació la revolución de la neurociencia, de la mano de Cajal y su teoría de la neurona, como células individuales que reciben y envían información. El Premio Nobel de 1906, lo compartió con Golgi.

La sorpresa del descubrimiento es que la neurociencia trabaja usualmente con ratones, que no tienen este tipo de neuronas. Cajal describió como fluía la información en el cerebro, de forma direccional a través del espacio que mediaba entre ellas, a través de los axones y hacia las dendritas ramificadas. A estos espacios los llamó sinapsis aunque no los podía ver al microscopio. Le asignaba a estos espacios el lugar donde ocurría el pensamiento, el aprendizaje y los recuerdos. Hay que señalar que la teoría de la neurona de Cajal vino a sustituir la teoría reticular del cerebro (que apoyaba Golgi). Algunas neuronas piramidales como las que procesan las señales de los sentidos, la actividad motriz y controlan las actividades superiores, como la toma de decisiones, son tan grandes que no se precisa el microscopio para observarlas. Hay axones que llegan desde la médula hasta los dedos de los pies. Hoy sabemos que las sinapsis presentan plasticidad, con lo que se debilitan o refuerzan con su uso o falta de él. Así se explica la capacidad de aprender o de pensar.

Hasta el presente, es Cajal el que describió cuanto de importante conocemos del cerebro. La microscopía electrónica refrendó las tesis de Cajal, frente a la reticular. Por ello un avance como éste, el del escaramujo, es prometedor. En algún momento daremos el salto cualitativo que estamos esperando.