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Cuerpos decorados

Alberto Requena
ALBERTO REQUENA

Grabarse un tatuaje forma parte de la libertad para construir la propia imagen. No necesariamente transmite lo que desea su portador, pero decoran el ámbito corporal, a su gusto. El proceso no está exento de riesgos. Algunos previstos y otros ignorados. Condiciones higiénicas, experiencia del ejecutor y cuidados cutáneos posteriores se suelen observar. No tanto se hace con los pigmentos con los que se lleva a cabo. Contiene elementos como plomo, níquel y arsénico que nunca son inocuos. El proceso de tatuaje implica una ruptura de la barrera epidérmica. Implica, por tanto, la posibilidad de reacciones inflamatorias, procesos infecciosos, cutáneos o sistémicos, incluso tumores en las zonas tatuadas. La experiencia del tatuador, las condiciones higiénicas y los cuidados son determinantes, pero no hay que olvidar las componentes intrínsecas de cada tatuado

Potencialmente, el proceso no está exento de riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas, dado que, al penetrar los pigmentos en la dermis, entran en contacto con los capilares sanguíneos, así como con los conductos linfáticos, con lo que se abre una puerta a bacterias, virus y hongos. Todavía más, el efecto de la radiación ultravioleta posterior y una conjetura, razonable, sobre la naturaleza de la tinta empleada, pueden estar tras algunos de los carcinomas espinocelulares, queratoacantomas y dermatofibrosarcoma también observados. Ciertamente no son abundantes y puede ser casual, pero suponen una alerta a considerar, mientras la relación causa efecto pueda ser establecida con fundamento.

Algo si es incuestionable y son los procesos inflamatorios que acompañan a las infiltraciones intradérmicas de los pigmentos. Los colorantes y aditivos empleados superan el centenar y la mayoría son compuestos azoicos, potencialmente liberadores de aminas aromáticas, que son compuestos cancerígenos. Las tintas de color no son más agresivas que la negra, pero están implicadas en otros procesos. El ingrediente más corriente es el carbón vegetal, de color negro, seguido del dióxido de titanio para el color blanco, que se utiliza también mezclado con otros colorantes para introducir matices y sombras. La de color rojo utiliza sulfuro de mercurio y óxido férrico que suelen provocar dermatitis de carácter alérgico que caracterizan eccemas en torno a la zona tatuada. La de color amarillo contiene sulfuro de cadmio, capaz de provocar reacciones fotoinducidas cuya consecuencia es la aparición de eritemas al incidir radiación ultravioleta. Se han descrito reacciones granulomatosas asociadas a compuestos de cromo, cobalto y manganeso. Los pigmentos: rojo, azul y verde, acaparan las referencias de formación de nódulos eritematosos. Por cierto, el color negro es el que más facilidades ofrece al absorber la radiación del láser en su totalidad y requerir menos tiempo de aplicación para lograr borrarlo por evaporación de la tinta. Todos los colores se pueden borrar, aunque el tiempo requerido es diferente. Afortunadamente, en nuestro país, la legislación exige formación higiénico sanitaria y licencia para ejercer como tatuador y las alarmas relacionadas con las tintas del tatuaje son muy escasas: se cifran en 109 entre 2005 y 2015, lo que tranquiliza.

Ciertamente no puede haber un pronunciamiento contundente mientras se estudia la incidencia de factores como los señalados para determinar su causalidad. No obstante, se avanza en el conocimiento de los procesos implicados. Recientemente se han publicado estudios relacionados con el comportamiento de los pigmentos, tanto inorgánicos como orgánicos concretados en micro y nanopartículas que llegan a alcanzar los ganglios linfáticos. Hay evidencias del transporte de impurezas y elementos tóxicos a través del organismo. En la revista científica Scientific Reports, se da a conocer que ya se había detectado que los ganglios se teñían del color del tatuaje. Ahora se ha determinado que son partículas nanoscópicas las protagonistas. Lo ha desvelado el estudio de Hesse llevado a cabo en el sincrotón de Grenoble. Las partículas microscópicas tienen un comportamiento distinto de las nanoscópicas. El dióxido de Titanio es el segundo pigmento más utilizado y es el responsable del lento proceso de curación y ahora es el que se ha estudiado como atraviesa el tejido cutáneo. Se ha medido mediante fluorescencia de rayos X y se ha encontrado dióxido de titanio de tamaño micrométrico en la piel, mientras que el tamaño en el tejido linfático es nanoscópico. Se ha estudiado también el proceso biomolecular asociado a la inflamación cutánea en la piel próxima al tatuaje. Sin ser concluyente en cuanto a la nocividad, bien se haría si además de la esterilidad, experiencia y cuidado posterior, se incidiera en la composición química de las tintas