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'Pa' mear y no echar gota

'Pa' mear y no echar gota
DANI CARDONA

Un canal de televisión recomienda a millones de españoles la orinoterapia, una de las más de setenta técnicas sin soporte científico que el Gobierno ha calificado como pseudociencias

JOSÉ MANUEL LÓPEZ NICOLÁS

En la última semana dos noticias relacionadas con las picaduras de medusas han aparecido en los medios de comunicación. Una de ellas refleja la importancia del avance científico y tecnológico. La otra representa la más pura anticiencia. Les cuento.

Una de las criaturas más letales existentes es la medusa de caja (Chironex fleckeri), también conocida como avispa de mar. Su veneno puede acabar con la vida de una persona en apenas tres minutos. Esta medusa, que habita fundamentalmente en las aguas costeras australianas, tiene unos 60 tentáculos que pueden crecer hasta tres metros de largo con millones de ganchos microscópicos llenos de veneno. Cada una de ellas contiene suficiente veneno para matar a entre 60 y 600 personas. Una sola picadura causa necrosis de la piel, dolor insoportable y, si la dosis de veneno es lo suficientemente grande, paro cardíaco y muerte en cuestión de minutos.

Hasta hace unas semanas no existía ningún tratamiento efectivo contra la picadura de la avispa de mar. El desconocimiento de los mecanismos moleculares por los que el veneno actúa tan rápidamente en el organismo hacía imposible diseñar un antídoto. Afortunadamente hace unos días se publicó en la prestigiosa revista 'Nature Communications' un artículo que da esperanzas. Investigadores australianos han descubierto un ruta bioquímica que descifra el mecanismo por el que el veneno de esta peligrosa medusa causa daños importantes en el organismo de las personas a las que ataca.

Para lograr sus resultados han empleado el famoso CRISPR, una técnica de edición genética que está revolucionando la biomedicina. El acrónimo CRISPR es el nombre de unas secuencias repetitivas presentes en el ADN de las bacterias, que funcionan como autovacunas. Los científicos han aprendido a utilizar la herramienta CRISPR fuera de las bacterias para cortar y pegar trozos de material genético en cualquier célula. El potencial de estas tijeras moleculares es inmenso y el CRISPR se ha convertido en la gran esperanza en la lucha contra determinadas patologías.

Usando esta técnica los científicos identificaron varios genes esenciales para la toxicidad de la medusa australiana. Los investigadores han demostrado que las proteínas del veneno 'usan' el colesterol que forma parte de nuestras membranas celulares como vía de entrada a nuestro organismo. Por este motivo los autores proponen el uso como antídoto de fármacos que contengan ciclodextrinas. Estas moléculas tienen la capacidad de encapsular en su interior al colesterol de la membrana y, de esta forma, impedir que la medusa pueda emplearlo como vía de entrada a la célula. Dicho con otras palabras, las ciclodextrinas eliminan la puerta por la cual el veneno puede acceder a la célula humana. Ensayos realizados en ratones muestran cómo el uso de antídotos basados en estas moléculas reducen el dolor y la mortandad de ratones cuando se les inyectan hasta quince minutos después de la picadura de la medusa australiana. Es un gran avance.

Pero no es oro todo lo que reluce en la lucha contra las medusas. Mientras científicos de todo el mundo usan los últimos avances tecnológicos para reducir sus peligros, en algunos lugares ocurren cosas sorprendentes. Hace unos días, en un famoso programa de televisión que se desarrolla en una isla, una concursante sufrió aparentemente el picotazo de una medusa en la pierna. Para solucionar el problema le pidió a otro concursante que orinara sobre la herida ya que, según dijo, el amoniaco que forma parte de la orina es recomendable para combatir las picaduras de medusa. Pero el tema no acabó ahí. Al día siguiente otro programa de la misma cadena insistió en la 'orinoterapia' (la aplicación de orina humana para fines medicinales o cosméticos, incluyendo la bebida e ingestión de la propia orina y el masajeado de la piel o encías, con ella) como remedio casero para tratar el veneno de las medusas.

¿Y tiene algún sentido todo esto desde el punto de vista científico? Veamos. Las medusas tienen una pequeñas células llamadas nematocistos que recubren sus tentáculos y provocan la expulsión de veneno a través de pequeños pinchos. Los nematocistos son independientes hasta el punto de que una vez separados de la medusa, pueden seguir expulsando el veneno. Pues bien, tal y como informó la American Chemical Society, una de las causas que puede aumentar la toxicidad sobre nuestro cuerpo es un cambio en la salinidad de las células. Como en condiciones normales nuestra orina es menos salada que el agua del mar, la orina no solo no ayuda (ni siquiera es lo suficiente ácida como para lidiar con las picaduras), sino que puede empeorar la herida pudiendo inflamarla. En la misma línea se han manifestado diferentes organismos sanitarios.

Ya sabemos que la orinoterapia no tiene sentido para el tratamiento contra las picaduras de medusas pero... ¿sirve para alguna otra cosa?

Hace unos meses el Gobierno de España lanzó una campaña para trasladar a la ciudadanía una información veraz y accesible sobre las pseudoterapias y pseudociencias. Esta campaña se enmarca dentro del Plan para la Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias y su lema, #CoNprueba, pretende reflejar la importancia de comprobar la información que se difunde y ser críticos con los mensajes que nos llegan, desde terapias sin evidencia científica a supuestas teorías científicas basadas en hechos falsos. En el primer trabajo realizado dentro de este Plan se le pone nombre y apellido a 73 técnicas que no tienen ningún soporte en el conocimiento científico, por lo que se pueden calificar como pseudoterapias. ¿Y saben cuál es una de las 73? La orinoterapia, la misma que un famoso canal de televisión recomienda a millones de españoles para luchar contra la picadura de medusas. Pa mear y no echar gota...

Estimados lectores, diariamente muchos científicos investigan para mejorar nuestra calidad de vida. Además, existen divulgadores que informan a la sociedad de estos avances. Sin embargo, la labor de unos y otros puede caer en saco roto si se sigue permitiendo que en programas de televisión que ven millones de ciudadanos se fomente el uso de terapias que pueden poner en serio peligro nuestra salud. Pongamos fin a este despropósito.