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Investigar en la periferia de la periferia

ÁNGEL PÉREZ-RUZAFA ACADÉMICO NUMERARIO DE LA ACADEMIA DE CIENCIAS

La frase sintetiza la conferencia del profesor Pablo Artal, 'La investigación en Murcia', en el acto de reconocimiento que nuestra Academia de Ciencias le tributó por su trayectoria y su reciente Premio Nacional de Investigación, y es fácil percibir lo que encierra. Pero habitar en las periferias no es necesariamente malo. Él resaltaba que el sistema solar es periférico en nuestra galaxia, pero contiene un planeta capaz de desarrollar algo tan extraordinario como la vida.

Más allá de los premios que avalan a Pablo Artal, sus logros, en el campo de la óptica y las tecnologías para mejorar la visión, son equiparables a los de los mejores científicos en cualquier ámbito y lugar. Esto dice mucho de él y su capacidad para conformar equipos en los que, como él mismo defiende, participan investigadores que le superan. Esto, por sí solo, le aleja de la mediocridad. Pero, lo más importante es que nos enseña cómo afrontar retos con todo en contra. Moverse en la periferia tiene implicaciones termodinámicas interesantes. Las fronteras propician los flujos de energía y es donde se dan las circunstancias para que se muevan la historia, la cultura, el comercio y las ideas. Son un mundo de oportunidades. Pero para que esa energía fluya, la comunicación entre el centro del sistema y la periferia tiene que estar abierta. Con las puertas cerradas nada es posible. Por eso, una de las enseñanzas de Pablo Artal es que, para salir adelante, hay que entreabrir esas puertas. Eso solo se logra con un esfuerzo personal que sacrifica muchas cosas. La segunda oportunidad termodinámica es que las resistencias a superar son tantas, que el trabajo generado construye el espíritu y el ingenio de quienes deciden afrontarlas. Esto supone encarar el principio de San Mateo. A los que más tienen, más se les da, y a los que menos tienen, hasta ese poco se les quita. Solo con una visión clara, con paciencia y tesón, puede empezar a construirse, con los flujos de la primera puerta entreabierta, la infraestructura que facilite recibir más en el segundo intento y con ello, construir lo que permitirá abrir nuevas puertas y extender lo adyacente posible. Los planes de ciencia no suelen estar diseñados con esta visión, sino envueltos en prejuicios, mediocridad y presiones políticas o hechos diferenciales injustificables, excusándose en la producción e ignorando la productividad. La producción bruta suele ser mayor en los que más tienen, porque ya se ha invertido mucho en ellos, pero su productividad (o producción por unidad de recursos de que disponen) es más baja. Por eso, el mérito del profesor Artal y su equipo supera lo que se ve. El problema final es que la materialización de esos esfuerzos suele tener un futuro incierto. Su continuidad depende de que alguien siga luchando contracorriente, porque no hay políticas de consolidación e inversiones para que quienes son productivos sean competitivos en la consecución de talentos, y que garanticen el relevo de los que necesariamente cierran su ciclo. En Murcia podemos prosperar en la periferia de la periferia, pero solo si tenemos ideas claras a la hora de apoyar a quienes nadan contracorriente.