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MGMT recupera parte de su magia en el Welcome

Ben Goldwasser (i) y Andrew VanWyngarden, sobre una bicicleta estática, durante el concierto de MGMT en el Welcome. / Álvaro Rabadán

La banda norteamericana ofrece un concierto notable en la Plaza de Toros de Murcia, aunque no apto para todos los públicos; Nunatak confirma su momento dulce

MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ y ÁLVARO RABADÁNMurcia

A veces hay que arriesgar y no temer a lo desconocido. Esta frase bien podría aplicarse a la filosofía de la última edición del Welcome Estrella de Levante, que optó por ofrecer tres propuestas musicales totalmente diferentes, y atrevidas. Y es que MGMT no es el cabeza de cartel habitual para este tipo de festivales dirigidos a un público mayoritariamente joven, en el que se suele apostar por el rock y el indie y por grupos más comerciales.

La propuesta de autor del dúo compuesto por Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser en clave de electrónica y psicodelia –más allá de sus dos grandes himnos atemporales y universales, 'Time to pretend' y 'Kids'– no es accesible ni apta para todos los públicos, como es el caso de Franz Ferdinand y The Hives en las anteriores ediciones, capaces de contagiar vitalidad al respetable y hacer botar hasta al más tímido.

La calidad de la banda neoyorkina es indudable, con una puesta en escena muy cuidada y un sonido impecable durante toda la noche. Además, presentaron unos niveles de producción superiores a probablemente cualquier otro artista que haya pasado por el escenario de la Plaza de Toros de Murcia durante la fiesta universitaria: doble pantalla para las proyecciones psicodélicas (muchas de las cuales eran espectaculares, dignas de Pink Floyd, con incluso grabaciones en directo que captaban detalles, como los ojos, del público, y otras más de andar por casa, como el 'emoji' de la caca del WhatsApp bailando), un juego de luces enlazado perfectamente a las canciones, un hinchable gigante que apareció de la nada para el tercer tema, bola de discoteca, plantas naturales y columnas neoclásicas sobre el escenario y hasta VanWyngarden se subió a una bicicleta estática para 'She works out too much', con la que arrancó el concierto.

Y ya en la segunda canción, el grupo puso toda la carne en el asador con 'Time to pretend' y ese sonido de sintetizador tan característico y coreado por el público que se queda resonando en la cabeza durante varios días.

Tampoco faltaron a la cita sus otros grandes temas como 'Little Dark Age', que da nombre al álbum que venían a presentar a tierras murcianas dentro de su gira mundial, 'Weekend wars', 'Electric Feel', 'Flash delirium' y 'Me and Michael', la canción más pop y pegadiza. Hasta la banda se atrevió con los 12 minutos de 'Siberian breaks' pasado el ecuador del concierto, lo que pudo hacer perder la paciencia a los menos amantes de su música. Los que aguantaron en su asiento hasta el final fueron recompensados con una versión más electrónica y extensa de 'Kids', en la que Andrew VanWyngarden, que apenas se dirigió al público en un par de ocasiones para dar las gracias, se movió a sus anchas por todo el escenario.

La conclusión es que la banda norteamericana dejó mejor sabor de boca, sobre todo a sus fans, que en su decepcionante aparición en el SOS 4.8 en 2011 y que recupera parte del entusiasmo y la magia que despertó con su grandioso debut, 'Oracular spectacular', y que parecía haber perdido con el flojísimo tercer álbum, titulado simplemente 'MGMT'. Otra cuestión es la opinión de los que acudieron al concierto sin saber mucho del grupo, y que probablemente no se quedaron tan satisfechos. Al final la apuesta, vista la buena entrada que presentó la Plaza de Toros de Murcia, salió bien a los organizadores.

Más allá de MGMT, el Welcome confirmó el momento dulce que vive Nunatak. La banda cartagenera abrió la noche y demostró que sabe muy bien lo que hace sobre el escenario –incluso sin su bajista, al que sustituyó Bryan Vega, músico habitual de Alv McMartin–, con canciones cada vez más complejas y que mezclan muchos estilos, desde el folk de sus orígenes a los sonidos más afines al indie de su último trabajo.

Tras Nunatak llegó el turno del pop nacional más bailable. La Casa Azul es un seguro para poner a moverse al público en cualquier festival, aunque bien habría hecho la organización en programar al grupo liderado por Guille Milkyway para cerrar la noche, un horario más adecuado para este tipo de electrónica pop quemazapatillas que se mezcla a la perfección con los momentos más íntimos de piano y voz. El único pero, que el volumen era sensiblemente más bajo que el del resto de grupos, además de que el concierto se hizo demasiado largo, con más de una hora y 15 minutos.