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ALBACETE - ALICANTE - MURCIA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Necesitamos menos marketing y más preparación, porque cuando hay que bajar a la arena del gobierno, de nada sirven las apariencias ni los mensajes enlatados

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Alguien con quien hablar
:: JOSÉ IBARROLA
Por más que me esfuerzo, no logro imaginar que la 'hoja de ruta' entregada la pasada semana por la vicepresidenta del Consell, Paula Sánchez de León, a los grupos parlamentarios de la oposición, con la lista de «consensos básicos» propuestos, vaya más allá de una declaración de intenciones condenada a estrellarse contra el muro de la campaña electoral. Me sorprendería mucho y muy gratamente que gobierno y oposición fueran capaces de tomar decisiones de manera consensuada sobre aquellos temas que, por el bien ciudadano que todo partido dice defender, deben quedar lejos del foco de atención de la contienda política y al margen de cualquier tentación de utilización partidista. Aunque es un ejercicio saludable para el pensamiento cuestionar razonadamente nuestras propias certezas, me temo que no soplan buenos vientos para la generosidad que exige olvidar que más allá de las siglas de los partidos políticos, hay una sociedad compuesta de personas preocupadas por sus cosas cotidianas. Hace tiempo que la interlocución entre partidos políticos parece un diálogo de sordos. No se hablan entre sí, solo se acusan. Y ello ha contribuido en gran medida al desánimo de la gente de a pie y a la crisis de credibilidad que sufre la esfera política.
Me sería muy grato equivocarme, pero creo que la mano tendida a los partidos de la oposición por el 'president' Fabra no va a conseguir mucho más que levantar falsas expectativas entre quienes añoran otras maneras de hacer y estar en política. No confío en que el interés general, ese que unos y otros dicen querer defender, pueda finalmente primar sobre las estrategias de partido tejidas en despachos con la agresividad y la cortedad de miras que da considerar enemigo al adversario.
La gente está cansada, más de lo que demuestra, de líderes y eslóganes fabricados por empresas de publicidad y marketing. En las campañas electorales es donde más se pone en evidencia la realidad paralela de la política y sus personajes convenientemente maquillados para la ocasión. Necesitamos menos marketing y más preparación, porque cuando hay que bajar a la arena del gobierno, de nada sirven las apariencias ni los mensajes enlatados. La realidad, como se ha demostrado, es otra cosa. La política necesita menos consignas y más respeto al contrario. Menos insultos, más elegancia en las formas, y mejor fondo. Me cansa que la gente se encoja de hombros y diga resignada que la política es así. La política es como queramos que sea y como consintamos que sea. Tenemos la suficiente experiencia democrática como para reconocer sus fortalezas y sus debilidades. Pero nos falta valentía. «Vivimos (…) no solo atemorizados más o menos comprensiblemente ante los avatares de un mundo difícil, sino arrugados, plegados, encerrados en una tibieza y medianía que es más mediocridad que sencillez. Sin embargo, admiramos a quienes son valientes, a quienes resultan de valía. Ser valeroso no es el mero descaro o el desparpajo, ni la desatención, ni la pura osadía insensata, irreflexiva, ni la desmesura. Es el arrojo, la implicación, la decisión. Necesitamos seres con coraje personal, con coraje público. Entre explicables y fundadas cautelas, desearíamos ser así cada día. Y empieza porque seamos capaces de cuestionarnos a nosotros mismos. Para lograrlo, se requiere entereza, que es literalmente la misma palabra que integridad». Extraigo esta reflexión de un ensayo titulado 'Alguien con quien hablar' escrito por un catedrático de Metafísica. En el momento de su publicación, en el año 1997, era rector de la Universidad Autónoma de Madrid. Su nombre, Ángel Gabilondo, todavía ministro de Educación del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

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