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No son tiempos de andar perdiéndolos con improvisados globos sonda y serpientes de verano, a riesgo de que unos nos caigan encima, y las otras se conviertan en venenosas

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Serpientes y globos
:: JESÚS FERRERO
No creo, sinceramente, que nadie se atreva a eliminar las diputaciones. Dudo incluso que quien ha lanzado tal idea -recurrente, por cierto- sepa en realidad de qué está hablando. Detrás de ella no hay una reflexión serena, meditada, ni argumentos basados en cifras, datos y alternativas potencialmente viables. No hay nada de eso. Ni detrás ni delante. Solo humo electoral. Es inevitable que la sombra de la duda -razonable- sobrevuele las intenciones de un experimentado profesional de la política como es Alfredo Pérez Rubalcaba. Precisamente sobre él, una persona a cuya dilatada trayectoria política se suma 'in extremis' su nueva condición de titán del socialismo enviado a la arena electoral con la tarea de redimir unas siglas que se tambalean de pura fragilidad ideológica y absoluta inoperancia. Bajo el sucedáneo argumental de la duplicidad de servicios, propone liquidar algunas diputaciones.
Como buen arquero, semejante declaración de intenciones dio en el centro de la diana mediática logrando exactamente su objetivo. El titular estaba servido. Más en una época estival que se caracteriza tradicionalmente por la carestía de noticias en los periódicos y espacios de radio o televisión, aunque este año el adelanto electoral, y los recién estrenados gobiernos autonómicos -ni cien días han transcurrido- ha hecho que el verano sea, en ese sentido, un tanto diferente.
Plantea el candidato del PSOE a presidir el Gobierno español eliminar diputaciones. Y ahí se queda. Nada dice de la endémica asfixia económica de los ayuntamientos, ni nada hizo el actual Gobierno socialista del que procede por avanzar en el Pacto Local que debía reformar el sistema de financiación de las administraciones locales para adecuarlo a la prestación real de servicios. No interesó al Gobierno del que fue vicepresidente cumplir su compromiso de afrontar, durante esta legislatura agónica, lo que se ha venido en llamar 'segunda descentralización'. La debilidad de la memoria colectiva es un buen aliado para quien carece de coherencia en su discurso. Cerrado en falso el problema de la falta de recursos económicos de los ayuntamientos, abre ahora también en falso -es decir, en clave electoralista- la discusión sobre las diputaciones.
Tampoco creo, sinceramente, que otros debates mediáticos abiertos este verano, como es el caso de los copagos o los amagos de devolución al Gobierno central de determinadas competencias autonómicas, vayan mucho más allá de un simple experimento demoscópico. De todos es sabido que los gobernantes tantean en ocasiones a la opinión pública lanzando globos sonda para comprobar el efecto que una determinada medida, normalmente controvertida y espinosa, causa no entre la población como colectivo numeroso, heterogéneo y sin cauces de participación directa, sino entre los lobbys de poder de siempre, es decir, partidos políticos, sindicatos, asociaciones empresariales, si acaso vecinales y, principalmente, medios de comunicación.
Si no fueran asuntos tan serios, se diría que tienen toda la apariencia de las llamadas 'serpientes de verano', es decir, noticias que surgen de forma sorpresiva en épocas de profunda sequía informativa, y que, a modo de intangibles espectros, se esfuman de la misma manera misteriosa e inexplicable en la que aparecieron.
No son tiempos de andar perdiéndolos con improvisados globos sonda y serpientes de verano, a riesgo de que unos nos caigan encima, y las otras se conviertan en venenosas. No niego la utilidad de los medios de comunicación como foros de reflexión y confrontación de ideas. Lo que digo es que se abra el debate cuando realmente haya algo más que simples fuegos fatuos.

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