«Pasamos de la desolación a la esperanza»

V. MORAALICANTE
«Pasamos de la desolación a la esperanza»

En cuestión de segundos, el mundo se le vino abajo, como una de las partes del atrevido remate de su Al son que toca. Manolo Giménez ha puesto este año toda la carne en el asador para lograr un premio y ha implicado a sus comisionados, empresas y vecinos, e incluso a personas que no están siquiera vinculadas al barrio, para lograr los 126.168 euros en los que está presupuestada la hoguera. Eran cerca de las dos de la madrugada cuando oyó dos crujidos sordos y se temió lo peor. Cuando vio caer el trozo de hoguera, se marchó, gritó, lloró y, cuando se repuso, decidió que la fiesta sigue.

- Que se caiga una hoguera, ¿es lo peor que le puede pasar?

- Es lo peor. Ahora entiendo a los que han tenido problemas antes. Pero en este caso ha sido en un lateral que se va a solucionar.

- ¿Cómo fue?

- Unos segundos muy agobiantes. Lo primero que hice fue marcharme inmediatamente, me fui al racó yo solo a gritar y a llorar. Le di una patada a algo y aún me duele el pie. A los diez minutos volví para estar al pie del cañón.

- ¿Luego qué hizo?

- Nos reunimos toda la comisión y dijimos que no nos íbamos a amargar las fiestas. El artista estuvo razonando conmigo y en un par de horas pasamos de la desolación a tener esperanzas de que íbamos a tener la hoguera en perfectas condiciones.

- ¿Cómo respondió la comisión?

- Me quedé sorprendido por la organización. En menos de diez minutos desaparecieron los cuatro ninots que se habían caído. Vino un camión y se los llevó. La gente de la comisión se volcó y también el constructor, Vicente Martínez. Él es un profesional, y la gente de la hoguera se portó fenomenal. De hecho, la mayoría ni ha dormido y han estado toda la noche al pie de la hoguera. Y a Espadero le doy las gracias por abrir las puertas de su taller.