La ermita de San Crispín se transforma en un templo ortodoxo para rumanos

El edificio ha sido rehabilitado por los nuevos usuarios Se seguirá utilizando para la romería del patrón de los zapateros

GÓMEZ ORTSELCHE
TEMPLO. Tomás Mora, en el interior del templo junto a los símbolos religiosos ortodoxos. / ASOCIACIÓN FOTOGRÁFICA/
TEMPLO. Tomás Mora, en el interior del templo junto a los símbolos religiosos ortodoxos. / ASOCIACIÓN FOTOGRÁFICA

La ermita de San Crispín ha sido objeto de un remozamiento realmente extraordinario, que ha repercutido tanto en el interior, con la escalera del altar, el piso realmente precioso con mosaicos de mármol, zócalos, puertas, como en el exterior, con zócalo y pintura en fachada, laterales, pórtico y porchada. Incluso una bonita cruz en todo lo alto, que unida a la restauración que llevó a cabo el Ayuntamiento un par de años atrás, han dejado el templo realmente precioso.

Pero con ser importante esta restauración, la noticia estriba en el cómo y el porqué se ha llevado a cabo, ya que además del remozamiento del edificio, la ermita se ha convertido en un templo ortodoxo rumano. Así como suena.

La Verdad comprobó ayer in situ tal transformación, visible primero en la estupenda mejora exterior, mientras que en el interior del templo se puede ver cómo ha sido dotado de todos los elementos que anuncian su condición de iglesia cristiana ortodoxa rumana en Elche, bajo la denominación de parroquia de la Protección de la Madre de Dios. Los cultos se vienen realizando los domingos a las diez de la mañana, en que celebran la Divina Liturgia en lengua española.

Pero vayamos al inicio de los acontecimientos. Los relata Tomás Mora Serrano, responsable de la Asociación de Amigos de San Crispín. «Me llamó por teléfono el cura de la parroquia de El Carmen para mantener una conversación relativa a la ermita de San Crispín, enterado de que no se utilizaba más que en las celebraciones de la festividad del santo, circunstancia que llegó al conocimiento del padre Macario, sacerdote ortodoxo rumano».

Acuerdo

Mora Serrano explicó que él simplemente se había hecho cargo de la asociación, pero que la ermita es propiedad de la Asociación de Industriales del Calzado de Elche, gremio del que es patrón el santo. Posteriores gestiones, tanto con la asociación -concretamente con su presidente de honor, Antonio Galiana-, como con el coordinador de religiones católicas., «Tras la petición de meterse provisionalmente, que fue admitida por el secretario de la asociación, Pedro Méndez, se llegó a la redacción de un documento en que al llegar octubre, la ermita debería quedar totalmente limpia», prosigue Mora.

Y así ocurrió en la pasada celebración de San Crispín, para una vez terminada la romería volver a utilizarla los ortodoxos. Cuenta también Mora, que hubo una reunión de religiosos, entre ellos el entonces vicario José Antonio Valero, el rector del seminario y varios sacerdotes ortodoxos. Y ya pasado un año en estas circunstancias, nuevas consultas a causa de un proyecto de varios constructores rumanos para efectuar mejoras. Se les pidieron planos y proyectos, se aprobaron y procedieron a llevarlos a cabo.

En estos momentos, al penetrar al interior del templo, se observan todos los signos de la religión ortodoxa, con infinidad de iconos, tanto por el altar como en los laterales de la nave. Apenas se accede, en el rincón de la derecha, un estrado donde se exponen y venden libros cuadros, iconos, objetos de culto, llaveros, imágenes de Jesucristo y otros elementos.

En todos los bancos se han situado cojines para todos los asientos. En principio se ha subsanado el problema de la iluminación con un compresor, pero se está en vías de que se facilite el enganche de la luz eléctrica, que se aprovechará para colocar dos focos en el exterior, al igual que del agua corriente.

El padre Macario explicó posteriormente que la asistencia de fieles cada domingo rebasa el centenar «y que en Pascua remontaron los mil». Es el único sacerdote del patriarcado rumano de nacionalidad española, concretamente de Alicante, e informó de que el párroco de la iglesia es Cristian Toderici, rumano.

Naturalmente, en el fondo del altar, en su hornacina, sigue colocada la imagen de San Crispín, en su banco de zapatero. Algo que choca en una iglesia ortodoxa, pero en este caso concreto no había ningún impedimento por su parte.

Los rumanos son el segundo grupo de extranjeros más numeroso de la ciudad, detrás de los marroquíes, con cerca de 3.500 censados.