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ALBACETE - ALICANTE - MURCIA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

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Se cumple el centenario de la muerte de don Isaac Albéniz, el músico hispano e internacional que, según los biógrafos de su tiempo, dio su primer concierto a la edad de cuatro años. Y creo que es el momento de rescatar del baúl de los recuerdos una vieja y deliciosa película filmada allá por 1947 y dirigida por el «castigado» Juan de Orduña, el realizador de los grandes decorados y las epopeyas de Cifesa.
Se trata de «Serenata Española», cinta interpretada por Julio Peña (Albéniz adulto) y Carlos Larrañaga (Albéniz niño) y por una brillantísima y sensacional Juana Reina, la «señora de la copla» que encarnaba a la gitana Angustias, uno de los amores del genial compositor, amigo de Liszt y colaborador de lord Latymer, banquero y literato inglés.
La excelente superproducción, rodada en blanco y negro, aporta además del eficiente trabajo de los artistas citados el impagable servicio de secundarios de lujo: Manuel Luna, Maruchi Fresno, María Martín, Antonio Vico, Jesús Tordesillas y Ricardo Acero... y rapsodias para piano y orquesta y poemas sinfónicos (Granada, Sevilla, Córdoba, Mallorca...) y deliciosas canciones: «¡Ay, España mía!», «Más que el tesoro del moro», «Junto al río»... a la vera de secuencias impresionantes como la del entierro de la heroína paseada por las calles cordobesas, deteniéndose frente al Cristo de los Faroles y terminando en el cementerio acariciado por el llanto de payos y calés...
Fernando Méndez Leite el film que abarrotó nuestro Teatro Circo cuando se estrenó... Recuerdo que mi hermana María, que asistió a la premier acompañada por «Paca la Cachota» y otras amigas, me la contaba, ensalzando la voz y la belleza de Juanita y el estilo y la clase de Peña, uno de los galanes de la posguerra. Óperas («Pepita Jiménez»), pavanas y piezas magistrales... y la recuperación de «Serenata Española» orduñada fastuosa y fascinante, en tan magno aniversario.
ALBACETE
Estos días se vuelven a escuchar voces que intentan echarnos la bronca, a los ciudadanos, de nuestro desinterés por Europa. Mejor dicho, por la Unión Europea y su sistema político, económico y burocrático. Estas gentes (generalmente, con nómina generosa de presupuestívoros y -seamos correctos- presupuestívoras) dicen que nosotros, los ciudadanos, no sabemos ver lo mucho que «Europa» (se refieren a la Unión Europea, como si Europa no fuera mucho más que esa estructura política) hace por nosotros.
Pero claro, nosotros es que no lo vemos, pobrecicos, tontos que somos, ciegos ante tal evidencia de generosidad. Y yo me pregunto, ¿si tanto dinero llega, cómo es que no lo vemos? Y tengo la respuesta: porque el dinero europeo lo reparten otros, los gobiernos central y autonómico, y, siempre que pueden, escamotean el origen de esos fondos. Así vemos que muchas infraestructuras las ha pagado la UE, pero quien las pregona y quien se coloca medallas y hace grandes inauguraciones es el Ministerio de Fomento.
O cómo la Junta de Comunidades reparte las ayudas europeas -agrícolas, por ejemplo- como si salieran de los bolsillos particulares del señor Barreda o del consejero de turno.
Y claro, ¿cómo vamos a ver a Europa, si nos la tapan tantos meritorios locales? Y ahora, esos mismos que se apropian de la rentabilidad política del dinero europeo nos acusan de euroescépticos. Yo no soy escéptico; soy europeo; y no votaré el día 7; no veo razón alguna para hacerlo.
Pero, mientras tenemos que soportar esta campaña, de un nivel tan rastrero como todas las últimas españolas, sí recomiendo a los apóstoles de Europa que, en vez de abroncar a los ciudadanos, les digan a los repartidores del dinero europeo que no se apropien esas medallas. A lo mejor cuando seamos conscientes del pastizal que nos llega, dejamos de ser euroescépticos. O no; los ciudadanos es que somos muy puñeteros.
ALBACETE

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