Del Teatro Vidal sólo se salva la fachada

SÁNCHEZ DE LA ROSA

El Teatro Vidal ya no existe. Solo la fachada se mantiene en pie, sostenida por un soporte, y ese será el único vestigio recuperado del que fue el primer coliseo de Albacete, abierto en la calle Ricardo Castro en 1880, es decir, siete años antes que el Teatro Circo, aunque no pudo soportar su competencia, cerrando sus puertas en 1889. El edificio contaba con dos plantas: la baja para el patio de butacas y un pequeño escenario sin fondo, y la primera con una estructura de palcos a modo de galerías, que destacaban también por su ornamentación. El Vidal se estrenó con la compañía de Ricardo Calvo una noche de julio. En su día contamos su breve historia, recordando que su dueño, que se llamaba Godofredo Vidal, era también propietario de una funeraria, y gestionó un circo ecuestre instalado en la calle San Agustín, escribíamos, coincidiendo con la noticia de una iniciativa de la Asociación de Amigos de los Teatros que preside Javier López Galiacho, quien mostraba su interés por el rescate del pequeño recinto, convertido en un almacén de butano. Amite sugería adaptar ese espacio como dotación cultural anexa al Teatro Circo, también como Museo del Teatro, o igualmente como marco del Museo del Circo, para el que ahora reivindica el desalojado Banco de España. Las sospechas sobre una demolición inminente se han cumplido con la desaparición de su interior, mientras se ha colocado un andamiaje tubular que soporta la fachada, que está protegida, sin duda con el propósito de su conservación. Sería por tanto la única referencia material del popular e histórico edificio, que muchos años después sigue idéntico camino que el Teatro Cervantes, en las Cuatro Esquinas, otra víctima de la piqueta. Aquel teatro, construido por Daniel Rubio, autor como se sabe del Gran Hotel, la Casa Hortelano y el templete de la Feria, junto con otros edificios albaceteños, surgió en 1918 por iniciativa de una sociedad a cuyo frente estaba el empresario Eduardo Serra Bódalo, con con el autor del proyecto. El solar era propiedad de Julio Martínez Parras y allí abriría sus puertas, el día de San José de 1919,con la comedia de Jacinto Benavente La propia estimación., con la compañía de Felisa Herrero y Pedro Codina. La sala, como recuerdan Jesús García Rodrigo y José Fidel López Zornoza, actual delegado de La Verdad, en su libro La aventura del cine, tenía 416 butacas, catorce palcos, un centenar de asientos de principal, 145 asientos en la planta segunda y ochenta localidades generales.Tuvo dieciséis años de vida. Allí se estrenó la primera película sonora estrenada en Albacete, en 1931, El general Clark. de John Barrymore. Meses después, el público albaceteño pudo oir la primera película en español, ¿Conoces a tu mujer?. Durante la Feria de 1932 hubo un paréntesis cinematográfico, vino la compañía de revistas del teatro Ruzafa, de Valencia, y representó Las Leandras.No deja de ser anecdótico que el Teatro Cervantes acabase sus días como empezó, con otra obra de Benavente, Los intereses creados, que montó el elenco amateur del Ateneo. Era 1935. Hasta 1950, el teatro permaneció cerrado, hasta que el alcalde Luis Martínez de la Ossa, tras el acuerdo de la Comisión Permanente, ordenó su derribo. Le dieron un mes a los propietarios para llevarlo a cabo. No sería el último. En una etapa dorada del espectáculo, aparecieron numerosas salas, en una auténtica proliferación. de las que ya no queda rastro.El primer Capitol, de 1934, dejó paso al que es ahora sede de la Filmoteca.Los dos Productor, el Astoria, el Carretas, el Cervantes en la calle de la Feria, Goya y Carlos III, Palafox, Gran Hotel, son nombres para la historia. El Teatro Vidal es la última referencia de un mundo fascinante que proporcionó a nuestra sociedad, con sus candilejas y sus pantallas, días inolvidables.

Notas de mi bloc Como afortunado contraste, la buena noticia de la rehabilitación de otro edificio emblemático, en la calle de San Antonio, el que aloja a la Asamblea Local de la Cruz Roja, cuya fachada, tras la restauración llevada a cabo en los últimos meses, presenta un espléndido aspecto. Esta es una de las grandes siete obras realizadas en la ciudad por los arquitectos Carrilero y Muñoz. Tiene empaque, una distinción reforzada ahora por su maquillaje, y anulado el deterioro que venía padeciendo desde hace mucho tiempo, ofrece un perfil poderoso y atractivo en su magnífico emplazamiento, a un paso del corazón urbano y compartiendo prestigio y solidez con otras edificaciones del entorno que posteriormente no han tenido continuidad. No obstante, parece oportuno resaltar el esfuerzo que se lleva a cabo para resarcirse de algunas pérdidas, y del que son muy llamativos los ejemplos del Teatro Circo y la Fábrica de Harinas, que nos permiten disfrutar de edificaciones cuya utilización, además, responden a proyectos culturales y para un aprovechamiento público de extraordinario interés.