Casi pleno de trofeos

Barrera, Eugenio de Mora y Manuel Amador se repartieron diez orejas y tres rabos Manejable corrida de Millares que sacó nobleza y facilitó el triunfo de los toreros

SÁNCHEZ ROBLESCASAS IBÁÑEZ

Decía un aficionado ayer al terminar la corrida de toros que conmemoró el cincuenta aniversario de la inauguración de la plaza de Casas Ibáñez que los toreros debían hacer un reconocimiento público al presidente del festejo, Pedro Ortíz, que ayer estuvo acompañado en la cuestión de la asesoría artística por Gómez Cabañero y Emilio Redondo, matadores que hicieron el primer paseíllo en el coso ibañés.

Bien es cierta que la propuesta sería firmada por todos los matadores, aunque lo más destacable aquí y ahora es el mérito del accidental presidente taurino en la labor encomiable que desde hace mucho tiempo está dedicando en apoyo a los enfermos mentales y ahora en la Fundación Familia. Ya que es tan generoso con los diestros, también hay que subrayar que Pedro Ortíz se merece por su esfuerzo los máximos trofeos simbólicos. Y vaya una cosa por la otra.

Quizás lo de menos fue el casi pleno de los trofeos repartidos en el festejo ibañés. Hasta diez orejas y tres rabos se repartieron, Vicente Barrera, Eugenio de Mora y Manuel Amador ante astados bien presentados, nobles y manejables de Millares. Y así Barrera construyó una faena de notable nivel en su verticalizado estilo con muletazos ligados, mejor en la construcción y ejecución de los naturales rematado todo de ello de una buena estocada para cortar dos orejas. Sobresaliente de verdad estuvo el torero en el cuarto, un animal muy a su estilo de entender la concepción del arte. Magníficas las series, ligando en un palmo de terreno la excelente embestida del buen toro, cadencia siempre en los pasajes de derechazos. Recuerdos de aquel Barrera de los inicios y sobre todo fidelidad a un estilo. Lo bordó, el valenciano que cortó dos orejas y rabo. Con el descordinado e inválido segundo de la tarde, la tarea de Eugenio de Mora no fue otra que mantener en pie a su oponente. No le faltó técnica y el rasero presidencial fue dos trofeos. Luego otros dos y rabo tras una faena voluntariosa al quinto.

Manuel Amador toreó muy mermado físicamente, pues en un giro se le salió el hombro antes de torear. Tras pasar por la enfermería destacó en su faena por algunos momentos de clase. Certera estocada para dos y rabo. Luego volvió a la enfermería con un esguince en el pie, lo que le impidió estar en plenitud de posibilidades ante un toro con brusquedades. Pinchazo, estocada y descabello para escuchar una ovación. El público se divirtió y pidió siempre los trofeos. El presidente no lo dudó.