El asentamiento de rumanos que se ubicaba en la Casa de Piedra, desalojado por la Policía Local sin incidentes

Un centenar de inmigrantes fueron desalojados por los agentes desde las ocho de la mañana A mediodía de ayer nadie había solicitado todavía ocupar una de las plazas habilitadas en el Albergue

EMMA REAL ALBACETE
A LA ESPERA. Muchos aguardaban junto a la carretera. / E.R.J./
A LA ESPERA. Muchos aguardaban junto a la carretera. / E.R.J.

Pasaban las ocho de la mañana cuando varios coches de la Policía Local de Albacete y una furgoneta llegaron hasta la Casa de Piedra, el asentamiento más polémico de lo que llevamos de verano y en el que se encontraban cerca de un centenar de inmigrantes, todos ellos rumanos.

Los agentes, entre seis y ocho dependiendo del momento de la mañana, y entre los que se encontraba el jefe del Cuerpo, Pascual Martínez, procedieron a acometer el desalojo que, ayer sí (puesto que hace unos días se intentó, sin éxito) se llevó a cabo totalmente. «Yo he venido a las nueve menos cuarto, estaban ya los camiones con el cemento y los ladrillos porque lo que van a hacer es cerrar esto porque dicen que es una propiedad municipal», relataba Javier Marcellán, miembro del Colectivo de Apoyo a los Inmigrantes y una de las personas que ha estado casi de forma permanente con estos inmigrantes. «Al jefe de la Policía Local le he pedido que me diera la orden judicial de desalojo, que tiene que ser nominativa, y me ha dicho que a mí no me tenía por qué enseñar nada», añadió Marcellán.

La cuestión es que la Casa de Piedra, ubicada en la Carretera de Peñas de San Pedro, unos cientos de metros más adelante que la ya derruida fábrica de Piensos de Pansalba -que el año pasado protagonizó el culebrón veraniego en torno a la problemática de los asentamientos ilegales-, estaba siendo ocupada por varias decenas de inmigrantes, todos ellos de nacionalidad rumana, sin permiso del propietario. Al ser una propiedad privada, se ordenó el desalojo, que ayer definitivamente se llevó a cabo, de forma tranquila y sin incidentes relevantes ni enfrentamientos.

Fue complicado cuantificar el número de personas afectadas por esta actuación policial porque, como reconocía Javier Marcellán, «es muy difícil hacer el cálculo porque varía mucho de día a día». Por ello las cifras que daban unas y otras partes bailaban ayer y mientras Marcellán señalaba que serían «unas setenta u ochenta personas, entre las que habían unos treinta críos», la Policía Local trasladada allí hablaba de «unas doscientas personas».

Sin rumbo fijo

Como una romería, el hilo constante de inmigrantes, la mayoría de ellos muy jóvenes, y con pocos dominando el español, empezaron a abandonar poco a poco el que había sido hasta ayer su «hogar». Atrás dejaron una decena de tiendas de campaña en el pinar de esta propiedad, cordeles colgados entre los árboles que les habían servido de tendederos (e incluso armarios) y un panorama que acreditaba que esa zona había sido ocupada hasta hacía muy poco por mucha gente.

Es lo que se veía desde fuera porque, al igual que los agentes ordenaron a estos 'okupas' salir de este recinto, a los medios de comunicación no se les permitió la entrada. Propiedad privada.

El éxodo inmigrante tomó rumbo principal hacia la ciudad. Los más afortunados se marcharon en coche. De hecho, fueron «en torno a unos 14 ó 15 coches» los que tenían los inmigrantes en la zona, según la Policía Local, en los que cargaron todo lo que pudieron -enseres personales, colchones, útiles de cocinar- y desaparecieron.

Los menos afortunados ataron sus pertenencias como pudieron -algunos de ellos, los menos, con carritos a modo de trolley- y salieron a la carretera. El arcén se convirtió, entre las ocho y media y nueve y media de la mañana, en un hormigueo constante, en un peregrinaje obligado... y sin rumbo fijo. «No tenemos dónde ir. Sólo queremos que el Ayuntamiento nos diga dónde podemos quedarnos», chapurreaba en español Ionel, un joven de una veintena escasa de años, que acompaña a otro grupo de cuatro o cinco jóvenes más que no sabían hablar nuestro idioma y que miraban con ojos inquisitivos mientras la Policía les ofrecía dejar el lugar. Para intentar lograr una solución, por lo menos que les permita poder albergarse estos días hasta que encuentren una casa en alquiler, que el Colectivo de Inmigrantes asegura que es lo que piden, algunos de los que han ejercido durante este 'tira y afloja' de portavoces, acompañados de un representante del Colectivo, acudieron a la Casa de la Solidaridad. En torno a unas 40 personas se acercaron para informarse.

«He llamado a la Casa de la Solidaridad para que supieran el problema y que iban para allá, y una persona del colectivo que iba con ellos me ha comentado que a la entrada de Albacete la Policía les ha dicho que no podían pasar, que cuanto antes desaparecieran, mejor», dijo Marcellán. Desde el Colectivo de Apoyo a los Inmigrantes piden al Ayuntamiento una mayor implicación y, aunque reconocen, como admitía Marcellán, que «es cierto que la competencia en inmigración no es del Ayuntamiento, su competencia sí es ponerse de acuerdo con la Subdelegación y el resto de las administraciones».

Por eso, dijo, no se han puesto en contacto con quien sí es competente, la Subdelegación del Gobierno en Albacete, porque «me parece que tiene mucha más autoridad el Ayuntamiento que un colectivo, porque a nosotros nos pueden recibir o no pero a ellos sí les pueden hacer más caso».

De momento, la previsión es que la Mesa de Inmigración no se reúna hasta septiembre.