El papel desconocido del cereal en la Región

Recolección en un campo de cereal. / FERNANDO DíAZ
Recolección en un campo de cereal. / FERNANDO DíAZ

Europa ve clave mantener un cultivo muy demandado que en Murcia ocupa tanto como las hortalizas y resulta básico para el equilibrio medioambiental

GINÉS S. FORTE

Aprisionada entre los grandes rendimientos de la hortofruticultura regional, el cereal parece insignificante. Sin embargo, cubre un papel clave en el agro que no se mide a corto plazo. «Es trascendental», sentencia el vicepresidente regional de la organización agraria COAG, José Miguel Marín. Ocupa 52.000 hectáreas, casi tanto como la superficie hortícola regional. En ese espacio ayuda a «retener el suelo frente a la erosión y es una garantía medioambiental», apunta Marín, entre otros beneficios. Su gran demanda asegura las ventas de cualquier incremento en la Región que se pudiese generar y ha convertido al puerto de Cartagena en el segundo mayor punto de entrada del cereal importado de España. «No soléis hablar de cereales en la Región de Murcia, pero deberíais», sentencia el secretario general de la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (Accoe), José Manuel Álvarez. Vamos a ello.

Los rendimientos del cereal murciano, «sobre unos suelos que no son buenos y con grandes sequías», son de entre 1.500 y 2.000 kilos por hectárea, muy lejos de los 4.000 o 5.000 de zonas cerealistas de Castilla y León, el norte de Castilla-La Mancha y zonas de Andalucía. Aquí «solo se le dedican terrenos de secano donde no tienen cabida otros cultivo más prósperos», explica Marín.

Los datos

57.000
toneladas de cereal se cultivan al año en las 52.000 hectáreas que tiene dedicadas en la Región de Murcia.
90
euros de subvención aproximadamente concede la PAC por cada hectárea de cereal en la Región.

La principal área de cultivo es la comarca del Noroeste, con 24.000 hectáreas, seguida del Valle del Guadalentín (11.000 hectáreas) y el Altiplano (10.000). En síntesis, concluye Marín, «somos una zona cerealista marginal». En total, suman 52.000 hectáreas, aunque si ocupase mucho más, la venta del grano (57.000 toneladas en 2017) estaría siempre asegurada ante la enorme demanda de la industria de pienso animal, que es muy potente en la Región. De momento, cada año entran por el puerto de Cartagena dos millones de toneladas de cereales y sus harinas, según las estadísticas facilitadas por Accoe, mientras que la producción local apenas llega a 60.000, 33 veces menos. Tal volumen convierte al puerto de Cartagena en el segundo más importante de importación del producto del país, tras el de Tarragona e igualado con el de Valencia.

Por el puerto de Cartagena entra cada año 33 veces más cereal de lo que produce la Región

«Falta más grano», afirma Miguel López, de la comercializadora Diego López López

«La producción ganadera murciana es muy alta», explica Álvarez, «y sería inviable si no fuese por la importación de cereales». En contra de «lo que el público profano suele pensar, al consumo humano solo va a parar el 15% de la producción cerealista, y el resto es para consumo animal». España es el segundo mayor productor europeo de piensos para animales, detrás de Alemania, lo que compone un caso singular, «que incluso se estudia en Estados Unidos: ¿cómo es posible que hayamos creado una industria de piensos tan potente cuando nuestra producción de cereal es menor?». El sector español utiliza «unos 30 millones de toneladas de cereal al año, mientras que su producción se limita a unos 18 o 19 millones de toneladas. A pesar de ello, nuestro pienso es muy competitivo».

Miguel López, gerente de Diego López López, una de las tres mayores comercializadoras de cereal para pienso que hay en la Región (factura más de 70 millones de euros al año), explica que traer una tonelada de grano a través del puerto de Cartagena desde Ucrania, por ejemplo, supone unos «30 o 32 euros, mientras que desde Burgos son 26». «Venga de donde venga -añade-, nos falta grano» en la Región. «Comprarlo aquí nos sale mucho más barato», por eso cualquier aumento de la producción local tiene asegurada su salida al mercado. Pero en un suelo con alternativas más rentables resulta poco viable. Al mismo tiempo, el sector tampoco tiene expectativas de reducir su peso. O al menos no debería, coinciden las fuentes consultadas, y también la política agraria europea, que la subvenciona a través de la PAC. De ahí que se mantenga estable, o en «encefalograma plano», como apunta Marín.

«El mercado es libre, pero en este sector estamos inmersos en una política de precios que prácticamente no se mueve», detalla el representante agrario. El cereal es la materia prima fundamental de la alimentación animal (el 99% de la producción murciana tiene ese destino), y de ahí extiende su influencia directa a la alimentación humana. «Cualquier desequilibrio acaba afectando a todo», por eso «está muy intervenido y ha generado un sistema que mantiene los precios de hace prácticamente 30 años». Marín afirma que si se hubiesen aplicado desde los años 60 los incrementos del coste de la vida al kilo de trigo, ahora se pagaría a 1,25 euros, y sin embargo se mantiene a unos 30 céntimos». Ante este panorama, «la subsistencia de nuestras áreas productoras se consigue gracias a la PAC. De otro modo, sería imposible».

El sistema de subvenciones de la Política Agraria Común asegura unos pagos directos de en torno a 90 euros por hectárea de cereal al año en la Región. «Gracias a esto nos podemos mantener sobre el terreno». Cuando la cosecha es buena «sí que se alcanza una rentabilidad», añade Marín, que también es productor de cereal, «pero, -advierte- «en Murcia podemos juntar dos y tres años sin recolectar por la sequía».

Las ayudas de la PAC son claves para una «agricultura de secano que en su conjunto cumple un papel importantísimo». Marín se refiere al beneficio medioambiental de preservar los campos ocupados, no solo para conservar especies de aves esteparias, por ejemplo, sino incluso para evitar la pérdida de suelo. Sin cereales que sujeten el terreno «en las zonas más altas de la Región se producen mermas de unas 25 toneladas por hectárea y año». Ahora incluso «en vez de dejar los barbechos desnudos ponemos leguminosas porque son fijadores de nitrógeno y proveen de alimentación al ganado extensivo». Se trata, resume, de «prácticas que en términos económicos representan poco pero que medioambientalmente suponen muchísimo». Tanto, que hay expertos, como el profesor de Economía Aplicada Francisco Carreño, de la Universidad de Murcia, convencidos de que en el futuro se llegará a pagar exclusivamente para que haya agricultores que mantengan estas áreas productivas.

El cereal apenas supone el 0,5% de la producción vegetal murciana (son 10,3 millones de euros, según las estadísticas oficiales). «Contribuye muy poco al PIB», reconoce Marín, «pero tenemos que poner en valor la gran labor medioambiental de la agricultura de secano, que con unos productores de renta muy baja contribuyen mucho», insiste.

«Es muy importante que la sociedad entienda nuestro papel, que no nos vea como un sector subvencionado por otros sectores sin más, porque todo esto tiene un sentido. Defendemos una agricultura con agricultores sobre el terreno como algo fundamental, en contraste con otros modelos basados en macroempresas». A día de hoy, las 52.000 hectáreas de la Región se reparten entre casi 3.000 explotaciones.

Marín también pone el acento en el papel de estos agricultores en la salvaguarda de conceptos «importantes» como el de «soberanía alimentaria, e incluso el de seguridad alimentaria». El representante sectorial añade a esta baraja de ventajas del cereal la necesidad de conservar prácticas agrarias que sirven para minorar los riesgos de incendio y para asegurar una biodiversidad que permita, por ejemplo, la subsistencia de polinizadores. «Si no lo cuidamos, todo se acaba, concluye».

El almendro le come el terreno

Los terrenos dedicados al cereal en la Región tienen pocas alternativas. Son casi improductivos en una geografía árida, por lo que no interesa para otros cultivos, hasta ahora. «El almendro si le ha comido terreno al cereal en los últimos años», apunta el vicepresidente de COAG en la Región, José Miguel Marín. Los buenos precios del fruto seco, que antaño también se consideraba un cultivo marginal por su escaso rendimiento y su facilidad para crecer en áreas complicadas, han obrado el cambio. El auge de la demanda mundial de almendras y las nuevas variedades que permiten extender sus plantaciones a áreas más frías, que son las tradicionalmente ocupadas por los cereales, están desplazando a estos últimos. Miguel López, gerente de la mayor comercializadora de cereal de la Región, coincide en que estas circunstancias «le está restando mucho al cereal». Es el único fenómeno, como apunta Marín, que le está «robando un poco la foto estable» que aún conserva el cereal.

 

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