¿Y qué hacemos con el plástico?

Frutas y hortalizas en un supermercado de la Región. / G. S. Forte
Frutas y hortalizas en un supermercado de la Región. / G. S. Forte

La sociedad ha declarado la guerra a un material que sigue siendo fundamental por sus buenas cualidades y que necesita una mejor gestión

GINÉS S. FORTE

El plástico está en el punto de mira. «No hay semana en la que los telediarios no saquen un reportaje sobre la contaminación del mar con plásticos», lamenta Raúl Cremades, gerente de la productora de envases de este material Flexomed. El sector agro ha tomado cartas en el asunto y ya ensaya con materiales biodegradables e incluso la vuelta a otros envases como alternativas a un elemento, el plástico, al que por otra parte no es fácil de sustituir y sigue contando con sus ventajas. «Es más sostenible que el papel», por ejemplo, asegura Pedro Rodríguez, director de fábrica de la productora de envases CMSA. «Además utiliza menos energía y agua en su producción» y, añade, «es el mejor producto para envasar con el que contamos hoy día: resulta higiénico, facilita la trazabilidad, en ámbitos como la Sanidad es básico,...», sin embargo, «se le está estigmatizando».

Los fabricantes del sector europeo, agrupados en PlasticsEurope, aducen que compone «solo el 4% del consumo de combustibles fósiles no renovables», y que un aumento de su uso «paradójicamente, supondría de hecho una reducción del consumo total de este tipo de combustibles y reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero». Raúl Cremades coincide en afirmar que se le «está demonizando, cuando es uno de los envases más sostenibles, porque se puede reciclar, reutilizar», e incluso, añade Rodríguez, «incinerar y generar combustible».

LOS DATOS

80%
cuota de residuos marinos originados por el vertido de plásticos.
95%
de los encuestados en una consulta de la Unión Europea consideran que es «necesario y urgente» tomar medidas contra la contaminación producida por los plásticos.

El problema, coinciden todos los consultados, es el uso que se hace de él. El director de fábrica de CMSA lo sintetiza con elocuencia: «No tiene patas, no se va solo a la playa, alguien lo tira». El 70% de la contaminación del mar por plástico se genera en países no desarrollados, asegura, lo que demuestra que con una adecuada concienciación se puede impedir que llegue al océano.

Independientemente de quién lo ocasione, el resultado es que los plásticos, según la Comisión Europea, representan entre el 80% y el 85% del total de los residuos marinos, y «no cesa de aumentar, lo que afecta a los ecosistemas, la biodiversidad y, potencialmente, la salud humana, y genera una preocupación generalizada». La Unión Europea realizó entre diciembre y febrero una consulta pública en la que el 95% de los participantes consideró «necesario y urgente» tomar medidas.

El presidente de la Asociación de Cadenas Españolas de Supermercados (ACES), Aurelio del Pino, confirma «una mayor sensibilización de los consumidores». En su sector ya llevan unos años reduciendo el uso de bolsas de plástico de un solo uso cobrando a los clientes por cada unidad, algo que la Administración convirtió en obligatorio el pasado 18 de mayo. En Cataluña, donde arrancó la iniciativa, se ha logrado de este modo reducir su uso un 96% en ocho años.

Gil, del Cebas-CSIC: «Todo el sector agro está haciendo un esfuerzo enorme para reducir su uso»

En unos años se espera que todos los plásticos para alimentación podrán ser biodegradables

El siguiente paso es el desarrollo de plásticos biodegradables. Mabel Gil, investigadora responsable del grupo de Calidad y Seguridad Alimentaria de Alimentos Vegetales del Cebas-CSIC, aclara que aún «hay muy pocos plásticos biodegradables que se puedan usar bien con frutas y hortalizas», porque no retienen bien la humedad, por ejemplo.

De momento ya trabajan en ello empresas como Flexomed, que ya fabrica un 45% de toda su producción en materiales biodegradables y compostables. «El objetivo es llegar al 80% en 2025», avanza Cremades. La compañía alemana BASF ha desarrollado un plástico biodegradable para envases, Ecoflex, capaz a priori de obrar el milagro. La empresa asegura que sirve de fertilizante y se descompone en menos de dos meses, frente al siglo de media que necesita el plástico convencional.

CMSA también trabaja en una malla biodegradable para envasar cítricos, patatas y cebollas, por ejemplo, como parte del proyecto Ecobionet del Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas). «De un año a esta parte la demanda de este tipo de soluciones es bárbara», apunta Cremades.

También es foco de críticas, en parte por emplear en su producción cultivos vegetales, que necesitan los mismos insumos que la propia alimentación. «Es importante producir alimentos para que nadie pase hambre, pero si además producimos para suplir derivados del petróleo que son difíciles de reciclar, también está bien» expone Gil para acallar esas voces.

La investigadora advierte de que el reciclaje del plástico no es sencillo. Sin embargo, los productores consultados no lo ven como una dificultad y la propia directiva que prepara Europa advierte en su primer párrafo: «Cuando el plástico se tira como basura se pierde un material valioso que podría introducirse de nuevo en la economía».

Mientras mejoran las soluciones biodegradables, conviene seguir con los plásticos derivados del petróleo, en los que la industria sigue trabajando para hacerlos más finos y mejores, apunta Gil. Del Pino recuerda que han demostrado «que como envase para productos hortofrutícolas ha proporcionado muchas soluciones para mejorar su comercialización y consumo». El presidente de ACES destaca que «en la mayor parte de los casos su empleo tiene una explicación derivada de la seguridad alimentaria, del mantenimiento del producto, de su transporte». Aun así, reconoce, ahora «tenemos que trabajar con el sector para reducir su uso».

De momento, en palabras de Gil, «todo el sector hortofrutícola está haciendo un esfuerzo muy grande para reducir este material», desde los agricultores que lo emplean en sus acolchados e invernaderos, hasta la industria que envuelve con plástico sus productos, particularmente la cuarta gama (así se conocen a los productos hortofrutícolas lavados, cortados y embolsados para su comercialización, y que ya compone una industria muy potente en la Región de Murcia).

«Ahí el uso de plástico es impepinable», apunta la investigadora. El Cebas está desarrollando algún proyecto con empresas para reducir el tamaño y espesor de las bolsas y «también se está trabajando con polímeros biodegradables». Aunque, concluye, «de momento estamos muy lejos de que todo el abanico de plásticos distintos que necesitamos para estos productos sea biodegradable». Gil está segura de que, en todo caso, acabará consiguiéndose. ¿En cuánto tiempo?, ¿en las próximas décadas? La investigadora responde que es cuestión de años.

«Nos dedicamos a hacer los envases más sostenibles posibles, pero las cosas llevan su ritmo», admite el director de fábrica de CMSA. «Hay que buscar el equilibrio entre ecología y sostenibilidad, porque si no llevas cuidado puedes cambiar el problema de sitio». La investigadora del Cebas, coincide: «No nos vamos a ir al papel si luego nos va a perjudicar».

Según el gerente de Eficiencia Energética y Normalización de PlasticsEurope Ibérica, Juan María Ruiz Alarma, «los materiales alternativos deben evaluarse con criterios racionales y no con criterios emocionales». De otro modo, advierte Rodríguez, de CMSA, «puede ser peor el remedio que la enfermedad». Algunas corrientes, señala Gil, «alegan que es más dañino cortar árboles para conseguir papel y cartón que seguir usando plástico».

En realidad, la industria alternativa tampoco está parada. Saeco, por ejemplo, un gigante del cartón ondulado que produce en Molina de Segura envases para el sector agroalimentario, entre otros, está investigando cómo alargar la vida de las frutas y hortalizas en cajas biodegradables. «El cartón supera al plástico al ralentizar la podredumbre de las frutas y verduras, además de que es biodegradable, reutilizable, no perjudica al medio ambiente, y encima es más barato», afirma la relaciones públicas de la empresa, Mariam Vicente.

Donde coincide más con sus colegas del plástico es al evidenciar cómo «la cultura social está cambiando y ahora cualquier crio sabe ya lo importante que es lo ecológico», añade. Esa sensibilidad también incide en el aumento de las cuotas de reciclaje de este sector, «en detrimento de la pasta virgen», que es la que se extrae directamente de los árboles.

La industria, explica la investigadora del Cebas-CSIC, «tiene que estar a favor de innovar: que sea una prioridad y que no se dejen las cosas como están. Es importante que nos ayuden a buscar esas soluciones». Por el momento, asegura, «cada vez hay mayor unión, porque los expertos en materiales ya están dando respuestas a las empresas. La industria nos está apoyando totalmente».

Entretanto, mientras se mejoran los plásticos convencionales y se desarrollan nuevas alternativas, todos los consultados coinciden en dos puntos, resumidos por el presidente de la asociación nacional de cadenas de supermercados: «La primera labor es no abandonar los envases en el medio, y en segunda lugar tenemos que asegurarnos de que gestionamos bien estos residuos poniéndolos en el contenedor correcto. Esto es lo que hay que trabajar más».

Europa al rescate

La Comisión Europea presentó el pasado 28 de mayo una directiva, «relativa a la reducción del impacto ambiental de determinados productos de plásticos», a la que ahora dan forma el Consejo y el Parlamento europeos. Aurelio del Pino, presidente de la Asociación de Cadenas Españolas de Supermercados (ACES), donde se agrupan firmas como Carrefour, Eroski y Lidl, estima que el texto quedará aprobado antes de las elecciones europeas del próximo mayo. De momento, aún no se conocen qué enmiendas van a presentar los distintos grupos políticos, pero se sabe que es «una propuesta muy ambiciosa». Su objetivo es «lograr una reducción sustancial» del consumo de determinados plásticos que han originado un problema debido, en buena parte, según el texto de la directiva, a «la disponibilidad generalizada de plásticos, la tendencia de consumo a la comodidad, y la falta de incentivos para garantizar una recogida y tratamientos correctos».

«El sentido común tiene que primar», apunta Mabel Gil, investigadora del Cebas-CSIC: «La industria tiene que reducir al máximo la generación de subproductos y que sean de materiales con residuos menos contaminantes y fáciles de recuperar». En esta línea, en el sector del plástico «apostamos por la economía circular», con mucho reciclaje, sentencia Pedro Rodríguez, de CMSA.

 

Fotos

Vídeos