Todo un campo por explotar

Visitantes recorren el interior de Bodegas Luzón, en Jumilla./ fran manzanera
Visitantes recorren el interior de Bodegas Luzón, en Jumilla. / fran manzanera

El agroturismo aún no ha encontrado la fórmula para aprovechar en la Región un potencial que lleva dos décadas tratando de abrirse paso

GINÉS S. FORTE

Los secretos del melocotón ciezano se revelaron el pasado verano a las primeras cien personas que participaron en 'Melocotonea, date el gusto'. Durante tres horas los excursionistas ensayaron una experiencia piloto de turismo en torno a la recogida y el manipulado de este bien básico para la economía de la comarca. Todos ellos son ahora conscientes del esfuerzo para sacar adelante la cosecha de la principal fruta de la Región (en estas tierras se producen cada ejercicio cerca de 400 millones de kilos de melocotón). La iniciativa, creada por el guía oficial José Antonio Gázquez, fundador de Stipa Servicios Turísticos, trata de extender a junio y julio, «cuando las variedades de melocotón son más sabrosas», el aprovechamiento turístico que ya se extrae de la floración de los frutales que brota en febrero y marzo.

El agroturismo, que es donde se enmarcan estas iniciativas, supone un plus para la actividad agraria cuya importancia, sin embargo, no debemos medir en términos de PIB, advierte el profesor de Economía Aplicada Francisco Carreño, de la Universidad de Murcia. Los visitantes de 'Melocotonea', por ejemplo, han conocido de primera mano desde cómo coger el fruto del árbol con un perigallo hasta su posterior envasado, y han probado las mejores variedades directamente del árbol y degustado un tradicional almuerzo de recolectores. Se trata de un bien intangible fundamental para conservar una forma de vida y un capital natural y cultural propio, explica Carreño.

Los datos

70.000
turistas atrajeron el año pasado las tres rutas del vino y las actividades en torno a los frutales en Cieza.
1991
es el año en el que la Unión Europea puso en marcha la iniciativa Leader, que trató de fomentar el agroturismo.

Además de que el paisaje agrario «es un factor turístico de primer orden», como lo califica Herminio Picazo, profesor de la Facultad de Turismo de la Universidad de Murcia, también es, según la empresaria Adela Bernabéu, «un complemento de la actividad agraria y un instrumento para difundirla». Bernabéu explota más de un centenar de hectáreas de viñedos, olivos y cereales en Yecla y lo complementa con agroturismo. «Esto no es solo turismo del paisaje, sino que está más ligado con el agro». Bernabéu, como Carreño y Gázquez, se ocupa de conservar y, en su caso, explotar, unos usos tradicionales que de otro modo llevan camino de desaparecer.

Carreño, profesor de la UMU: «Un día se pagará para que haya gente manteniendo el mundo rural»

Los conservacionistas de las tradiciones agrarias fueron escuchados cuando Europa lanzó en 1991 su primer proyecto Leader. Con él se buscó divulgar los modos de vida agrarios al paso que se creaba una actividad con la que aportar un rendimiento extra a la vida en el campo. «La iniciativa perseguía algo que ya existía en Francia desde hacía años: el agroturismo», apunta Carreño. Pero se degradó con el fomento del alojamiento de los turistas en las casas de los agricultores, lo que involuntariamente impulsó el llamado turismo rural, que derivó en usos muy distintos, «como la celebración de despedidas de soltero». La divulgación agraria quedó así de lado y el negocio se limitó a ofrecer las casas rurales, para cuyo arreglo Europa fue muy generosa al subvencionar hasta el 100% de las obras.

El agroturismo es un fenómeno más presente conforme avanza la sociedad

«Mucha gente también aprovechó para arreglarlas para su uso personal». De un modo y otro «se abusó hasta que Europa se echó atrás en el porcentaje de las ayudas». Cinco programas después (ahora está vigente el Fondo Europeo de Desarrollo Rural -Feader II-, dotado con casi 220 millones para la Región de Murcia durante el periodo 2014-2020), «ya no se dedica nada a crear nada nuevo, solo alguna cosa para actualizar instalaciones existentes». El abandono y el envejecimiento que se producen en el entorno rural prueban «que estos fondos no se han utilizado como se debía».

Carreño carga las tintas contra la Administración local y regional. A la primera le acusa de emplear las ayudas europeas para financiar otros asuntos, y a la segunda de inacción. «A diferencia de otras regiones, que sí emprenden iniciativas propias, aquí sólo se cuenta con las ayudas europeas, y no se utilizan bien». Bernabéu añade que a menudo resulta «muy difícil llegar» a esas subvenciones por su gran complejidad.

Carreño, «fundador del movimiento asociativo del turismo rural en Murcia», fue uno de los que abandonó su establecimiento de agroturismo (al quedar desvirtuado «no merecía la pena») y centró sus esfuerzos en el enoturismo, donde llegó a ser presidente de la Ruta del Vino de Bullas.

A pesar de que la Región cuenta con instalaciones rurales de gran nivel, incluso premiadas internacionalmente, «no lo estamos haciendo bien», advierte. El agroturismo «no es el sector salvador de la actividad agraria, pero podría ser una alternativa para completar la renta en el medio rural». Para Bernabéu ya es una realidad: la agricultora yeclana se lo planteó como una actividad de dedicación parcial, «y al final es un trabajo completo». La empresaria incluye en su oferta agroturística un alojamiento rural para nueve personas. «Al principio necesitas inversiones elevadas, pero en un par de años el retorno ya llega y puedes vivir de esto».

Igualmente consciente de que los resultados necesitan tiempo, Gázquez ha puesto en marcha 'Melocotonea'. Con él busca el éxito alcanzado con la Floración de Cieza, que en la última campaña le procuró 1.800 clientes. Otras tres empresas se dedican a lo mismo en Cieza, «aunque no suelen tener guías oficiales», advierte. «Yo llevo unos seis años como guía, y la explosión de todo esto ha tenido lugar en los últimos tres. Y ahora cada vez llegan más turista de otras regiones y países», asegura.

La explotación de las rutas del vino está más avanzada. La de Jumilla alcanza unas 40.000 visitantes al año, y la de Yecla y Bullas rondan las 14.000, calcula el profesor de Economía Aplicada. Entre las tres ya atraen a casi 70.000 visitantes. «El enoturismo es un buen ejemplo de agroturismo», explica Bernabéu, que sugiere una mayor alianza entre las tres rutas para obtener un mayor aprovechamiento, por ejemplo con la marca Murcia, algo en lo que, adelanta, ya se está trabajando. La empresaria apunta que el agroturismo puede construirse en torno a «cualquier tipo de paisaje agrícola», y mostrar «desde cómo se riega hasta cómo son las calzadas de piedra para mantener las escorrentías. Es una forma más de educación dentro del turismo y el mundo agro».

Estas iniciativas son muy incipientes, aclara Carreño. Todavía hay mucho potencial por delante, aunque de momento, se lamenta, se ha hecho muy poco. Y eso a pesar de que, en boca del profesor Picazo, que además es ex decano del Colegio de Biólogos, «el paisaje agrario es un potente recurso turístico que merece la pena conocer, analizar y utilizar tanto en la comunicación o el marketing turístico como para desarrollar productos turísticos».

Para Carreño «nuestros paisajes son muy buenos». Entre las actividades con potencial por explotar, el profesor de la Facultad de Económicas cita la floración del almendro; los invernaderos de flor cortada de Cehegín; las plantas aromáticas del Campo de San Juan, en Moratalla, y el entorno de Fuente Caputa, en Mula, al que califica de muy sensible. Gauquez añade alguna actividad que ya se ha ensayado en torno al limón, y Bernabéu afirma que, «cada vez más», ciertas grandes explotaciones ,con más recursos, «están incorporando visitas agroturísticas dentro de su actividad».

No aparece en el PIB

«El problema» -apunta Carreño- es que lo que ofrecemos no aparece en el PIB. Pero habrá un día en que habrá que pagar para que se mantenga este capital natural y cultural, porque sin gente el medio rural no se puede mantener». De momento, si se cuantifica en términos económicos «no somos nada». Carreño recuerda que el 80% de la fuerza electoral de la Región procede de las ciudades de Murcia, Cartagena, Lorca y Molina de Segura, mientras que la mayor parte del territorio apenas suma el 20% de los votos. «Por eso no hay reconocimiento», añade, y «si no hay reconocimiento social no hay acción política». Es un error, «la Administración no se creó para acompañar al mercado, sino para acompañar las causas frágiles, lo que está ocurriendo ahora es el mundo al revés».

Carreño está preocupado, por ejemplo, ante la pérdida de viñedos: «Cada vez hay menos. Hace 30 años eran 70.000 hectáreas y ahora son 20.000. Nunca hemos tenido vino de tanta calidad ni tanto conocimiento, pero los jóvenes no continúan, y si no hay viñedo no hay ruta».

De momento, afirma Bernabéu, «en esta actividad tienes que conocer también el mundo tecnológico (internet) y el del marketing, o no llegas a ningún sitio». Para el futuro, augura el profesor de Economía, «la única solución es un diseño a largo plazo desde el punto de vista político». En todo caso, insiste que el agroturismo es el futuro, la gente lo va a apreciar cada vez más. Es un fenómeno propio de sociedades avanzadas: cuando la población tiene sus necesidades básicas cubiertas es más sensible con elementos como el entorno. El futuro va por ahí, la duda es si vamos a llegar a tiempo».

Desconocido por los guías oficiales

El profesor de Economía Aplicada Francisco Carreño denuncia cómo «la gente se ha separado del campo, no solo físicamente, sino también mentalmente». Ni tan siquiera los guías oficiales de la Región de Murcia parecen sensibles al potencial agroturista, denuncia. «Controlan la costa y si acaso Caravaca de la Cruz en año jubilar, pero deben ampliar su oferta y para eso tienen que hablar con nosotros». Carreño afirma que llevan años luchando por hacer oír su voz, sin apenas lograrlo. «Es muy importante la gestión, la regulación, pero ninguna Administración tiene mucha idea de cómo hacerlo», apunta. «Tenemos una riqueza forestal tremenda, por ejemplo, y ocupa la mitad de la superficie regional, pero la población está muy concentrada en la banda costera y en tres ciudades, y cuando te alejas de ahí la gente desconoce lo que hay». Lamentablemente, concluye, «todo se mide por peso del PIB, pero esa no es una variable significativa para entender esto». El profesor de Turismo Herminio Picazo destaca lo «potentemente capaz que resulta el paisaje agrario para representar la historia, la cultura y la identidad de una tierra». Ese es el bien poco cuantificable al que se refiere Carreño.

 

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