Alta tecnología contra la almendra amarga

Alta tecnología contra la almendra amarga

Un proyecto empresarial desarrolla, junto al Cebas, un avanzado sistema para eliminar esta amenaza en el campo y la industria

G. S. FORTE

Este mes ha trascendido una investigación liderara por el centro murciano Cebas-CSIC que abre la puerta a la futura erradicación en el laboratorio de la almendra amarga. La noticia, publicada en la prestigiosa revista científica 'Science', coincide en el tiempo con el proyecto de un grupo de productores para acabar con ella mediante el desarrollo de alta tecnología.

La guerra declarada a la almendra amarga tiene detrás el incremento en los precios que el mercado paga por este fruto seco. Los últimos años de buenas cotizaciones, alimentadas por un alza mundial de la demanda al que aún se prevé un largo recorrido, ha llevado a muchos a recuperar las almendras de antiguas fincas en desuso o de árboles que siguen creciendo al borde de los caminos. Pero el fruto de las plantas originadas a partir de semillas de viejos árboles o que rebrotan por debajo de los injertos de los que quedaron abandonados es amarga. Sigue siendo «un porcentaje muy bajo de la producción», reconoce Celestino Cervantes, director técnico de la cooperativa Coato. «El problema», aclara, «es que cuando la almendra se industrializa, y se muele, por ejemplo, la presencia de una amarga puede echar al traste un lote completo».

EN DATOS

523.000
euros de ayuda concedida por el Ministerio de Agricultura a este proyecto.

Para combatirlo, en 2017 se conformó el Grupo Operativo para la Erradicación de la Almendra Amarga, del que forman parte la murciana Coato; las cooperativas andaluzas Almendrera del Sur y Agro-alimentarias de Andalucía; la empresa de maquinaria OFM Food Machinery, y también el Cebas-CSIC, que lleva muchos años investigando la almendra amarga, como evidencia el reciente artículo de 'Science'. Sus científicos han logrado, por ejemplo, definir la longitud de onda que emite la amigdalina presente en las almendras amargas. A partir de ahí, el grupo se ha propuesto desarrollar una avanzada tecnología capaz de detectar esa longitud de onda y apartar automáticamente las almendras delatadas durante el proceso industrial, y sin ralentizarlo. OFM Food Machinery tiene hasta el 15 de julio de 2020 para desarrollar un prototipo que pueda hacerlo. Es el plazo marcado en el proyecto, que en abril del año pasado recibió una ayuda ministerial de 523.000 euros.

Además del desarrollo de esta tecnología, que cuando esté disponible aún necesitará un periodo de ajustes y pruebas para comenzar a funcionar, el plan cuenta con otros dos pilares. El segundo se centra en la localización de los árboles con almendra amarga en el campo, manualmente, marcar con una aplicación móvil ('app') su geolocalización y ponerles un sensor. El objetivo es que sus frutos no se recojan y que en caso de que se haga poder parar cuanto antes su entrada en el proceso industrial.

La tercera pata de esta lucha pasa por la sensibilización de los agricultores frente al problema, entre los que además se difundirá la 'app', y la búsqueda de una mayor colaboración con la Administración. Con todo ello se pretende impedir que se amarguen las buenas expectativas de un sector al que se le augura un crecimiento en la demanda que no será posible cubrir en la próxima década.