Wallerstein, el pensador militante

Immanuel Wallerstein. /
Immanuel Wallerstein.

El sociólogo estadounidense analizó la influencia del capitalismo en las desigualdades entre países, lo que le llevó a estudiar las consecuencias de la globalización

DANIEL REBOREDO

El pasado 31 de agosto falleció uno más de los grandes intelectuales del siglo XX que desde hace unos años nos van abandonando. Recordemos, sin ir más lejos, la desaparición el pasado año de Samir Amin y Doménico Losurdo, filósofos muy en la onda del ahora fenecido Immanuel Wallerstein y de su pensamiento crítico y novedoso. Estadounidense universal, intelectual comprometido, guía y maestro de las ciencias sociales ('Abrir las ciencias sociales', 1996; 'Impensar las ciencias sociales', 1998), historiador multidisciplinar muy vinculado al presente desde el pasado, conocedor de la ciencia económica y sus aplicaciones prácticas en el mundo del trabajo, bebió de las fuentes del pensamiento alemanas de Karl Marx, francesas de Fernand Braudel (Escuela de los Annales) e hispanoamericanas de la 'Teoría de la Dependencia'. Como sociólogo, estuvo siempre pendiente de la evolución y comprensión de las sociedades y presidió la Asociación Internacional de Sociología (1994-98); como historiador, vagó por la historia espaciosa y amplia y creó el Centro Fernand Braudel en la Universidad Estatal de Nueva York (Binghamton); como economista, amplió el enfoque marxista y participó en su renovación y, finalmente, como intelectual responsable e implicado no impuso un pensamiento siempre aferrado a la realidad que le tocó vivir.

Wallerstein fue en sus comienzos un especialista en las sociedades africanas después de la independencia y en la descolonización ('África e independencia', 1966, y 'Desigualdades entre estados en el sistema internacional: orígenes y perspectivas', 1975), hasta que en la década de los 70 del pasado siglo, período en el que aparecieron y se desarrollaron los movimientos de nuevos enfoques intelectuales, destacó como uno de los pensadores que desarrolló una nueva forma de entender las realidades sociales, el análisis de sistemas-mundo. Después de participar en la empresa braudeliana elaborando y construyendo la historia del capitalismo, se dirigió a horizontes más amplios desde la óptica y las interrogaciones surgidas del marxismo y de unas teorías de la dependencia que cuestionaron el análisis del subdesarrollo ligado al atraso de los países, siendo la causa del mismo el avance del sistema capitalista en el que estos estados participan como parte de un intercambio desigual. Toda esta concepción teórica la recogió en sus principales obras, como 'El moderno sistema mundial. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI' (1974), 'El moderno sistema mundial II. El mercantilismo y la consolidación de la economía-mundo europea, 1600-1750' (1980), 'El capitalismo histórico' (1983), 'La crisis estructural del capitalismo' (2005) o 'El sistema mundial moderno, vol. IV: El liberalismo centrista triunfante, 1789-1914' (2011).

El sistema-mundo

Pero el compromiso del sociólogo estadounidense no se limitó al estudio del nacimiento del capitalismo, sino que se involucró en la lucha contra el mismo desde la perspectiva de que tendría un final causado por la crisis de la ideología liberal que imperó en los siglos XIX y XX. Se convirtió en paradigma obligatorio sobre la historia del capitalismo, la modernidad y el mercado mundial, al destacar la existencia de un sistema-mundo con un centro dominante (países industrializados, desarrollados y ricos, con una posición preponderante en el sistema-mundo moderno), una semiperiferia (países con niveles medios de riqueza, con cierta autonomía y diversidad económica) y una periferia (países que carecen de poder y pobres que proporcionan a la semiperiferia y al centro materias primas, productos y mano de obra a bajo precio).

Fue un intelectual comprometido con el destino de los desheredados de la tierra

Como manifestaba en 'El moderno sistema mundial', las relaciones económicas mundiales forman un sistema global en cuyo seno las naciones más desarrolladas explotan tanto la mano de obra como los recursos naturales de aquellas en vías de desarrollo. Este sistema mundial, o sistema-mundo, dificulta el desarrollo de los países pobres y garantiza que los ricos sigan siendo los principales beneficiarios de los flujos globales de materias primas y de los productos y la riqueza creados por el capitalismo industrial. El germen de este nuevo sistema económico mundial emerge durante el siglo XVI, cuando las potencias europeas, como España, Inglaterra y Francia, comenzaron a explotar los recursos de las tierras que conquistaron y colonizaron. Estas relaciones comerciales desiguales impulsaron una acumulación de capital que se reinvirtió en la ampliación del sistema, y a finales del siglo XIX la mayor parte del mundo participaba de este sistema de producción e intercambio de productos. Este sistema-mundo es relativamente estable y las posibilidades de cambio son muy escasas, ya que aunque algunos estados puedan 'ascender' o 'descender' en el seno del mismo, el poder militar y económico de los países centrales, junto con las aspiraciones de los que se hallan en la semiperiferia, hacen casi imposible que las relaciones globales se reestructuren de manera más equitativa y justa.

El pensamiento de Wallerstein sobre el sistema-mundo moderno, formulado en la década de 1970, precedió a la reflexión sobre la globalización, que la sociología no asumió como propia hasta finales de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado. Su obra es una de las primeras y principales aportaciones al estudio de la globalización económica y sus consecuencias sociopolíticas. Por eso, a principios del siglo XXI fue uno de los principales pensadores del movimiento antiglobalización, al que intentó de dotar de una visión, alimentada por su investigación y compromiso, caracterizada por un enfoque dialéctico ('El universalismo europeo, desde la colonización hasta el derecho de injerencia', 2008).

El intelectual que enfocó sus primeros estudios a temas poco usuales en aquellos años, como el ya citado acercamiento a la realidad africana, el que predijo la caída del Muro de Berlín, el ascenso de China, la decadencia estadounidense y la actual crisis sistémica capitalista nos ha dejado un importante legado que incluye obras fundamentales para la comprensión del mundo actual, del capitalismo, de la globalización y de las Ciencias Sociales. Wallerstein fue un intelectual comprometido con el futuro del mundo y, fundamentalmente, con el destino de los desheredados de la tierra.