Vidas ejemplares

Cuatro murcianos ilustres, como Diego Clemencín, desfilan por las páginas de este excelente ensayo

JOSÉ M. VIDAL ORTUÑO

Este libro de Javier Díez de Revenga, 'Hicieron historia', es un ameno recorrido histórico por Murcia, desde finales del siglo XVIII hasta el primer tercio del XX, a través de cuatro relevantes figuras de esta ciudad. Cuatro murcianos ilustres. El primero es Diego Clemencín, quien vivió el triunfo de la Ilustración y del Neoclasicismo en España. A Clemencín lo conocemos, sobre todo, por haber hecho del 'Quijote' materia de estudio. Y también por su menosprecio hacia la poesía cervantina inserta en dicha novela. Díez de Revenga sale al paso de tan injustos juicios, alegando que Diego Clemencín no tuvo en cuenta el contexto, casi siembre burlesco, en que estas se hallan. Tropiezos que no menoscaban el que Clemencín sea considerado, con toda justicia, uno de los primeros cervantistas.

Gerónimo Torres Casanova, el segundo de estos murcianos, vivió entre 1822 y 1879. Clérigo y político -político de ideas liberales-, su máximo logro fue la creación de la Universidad Libre de Murcia entre 1869 y 1874, en la que desempeñó el cargo de rector. Ubicada en el Instituto de Segunda Enseñanza (actual Licenciado Cascales), esta empresa se topó con numerosos problemas económicos, a los que apenas pudieron hacer frente el Ayuntamiento y la Diputación. Un decreto de 1874 acabó con esta y otras universidades libres en España, porque (leemos) habían llevado «las ideas de autonomía del pueblo y de la provincia a un extremo que apenas cabría en una constitución federal».

El tercero de estos murcianos ilustres fue Enrique Fuster, conde de Roche, casi un personaje de Lampedusa. Este animó la vida cultural murciana, organizando las visitas de José Zorrilla (1886) y de Marcelino Menéndez Pelayo (1898). Gran admirador de Salzillo, desempeñó durante largos años el cargo de presidente de la cofradía de Nuestro Padre Jesús, mandó restaurar pasos y elaboró estatutos. Estudió y editó a Saavedra Fajardo -hecho que lo vincula aún más con Javier Díez de Revenga- e impulsó el traslado de sus restos mortales a la Catedral de Murcia en 1884.

El último de estos personajes nació en Murcia en 1875 como Emilio Díez Vicente, pero a partir de 1913 unió sus apellidos paternos pasando a ser Díez de Revenga. Emparentado con escritores como José Zorrilla y José Selgas, tuvo la literatura entre sus aficiones. Doctor en Derecho, se dedicó a la política, siendo alcalde de Murcia en 1909 y diputado a Cortes por el partido conservador durante varias legislaturas. En los escaños del Congreso trabó amistad con Azorín. Los mejores esfuerzos de Emilio Díez de Revenga fueron para la fundación de la Universidad de Murcia, en la que fue catedrático interino, y sentó además las bases para la creación del Museo Salzillo, empresa que no pudo ver concluida por su temprana muerte en 1932.

La labor realizada por el profesor Díez de Revenga es realmente encomiable. Ha visitado hemerotecas, ha consultado archivos, ha rescatado viejas fotografías. El resultado no es, sin embargo, un trabajo académico apto solo para especialistas, sino un libro entretenido, de apasionante lectura, sobre unos hombres que lucharon por un mundo mejor para sus contemporáneos y para las generaciones venideras. Sin duda, Murcia les debe gratitud eterna.

 

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