Veinticuatro horas

Orstavik firma una original historia de amor. No el que está en uno, sino el que se busca y no se encuentra

J. ERNESTO AYALA-DIP

Todos hemos leído novelas donde se habla de amor. Novelas con historias de amor dolientes. (Hago un paréntesis, hablo de novelas de amor y no de novelas sentimentales). Novelas de amores equivocados o imposibles. Pero se da la circunstancia de que ahora comentaré una novela que se llama precisamente 'Amor', de la escritora noruega Hanne Orstavik, aunque su tratamiento de este sentimiento me ha parecido de una originalidad incuestionable.

'Amor' trata de una madre sin pareja que vive con su hijo a un día de cumplir los nueve años. Ambos se mudaron porque a la madre la trasladaron en su trabajo, que consiste en asesorar en asuntos culturales a los ayuntamientos. Se encuentran, por tanto, en una población nueva para ellos, en la cual tendrán que encontrar nuevas relaciones, hacer amigos, tanto ella como el niño. Así transcurren los días. Un día, la madre necesita ingredientes para la tarta de cumpleaños de su hijo. Ella coge su coche y se marcha. El niño a su vez se encuentra en las calles, muy nevadas, con unos chicos y chicas. Y aquí empieza la novela de verdad. En la bifurcación de estas vidas durante veinticuatro horas. Al día siguiente será el cumpleaños del pequeño protagonista.

La madre se encuentra con una feria. Allí conoce a un feriante y enseguida establecen una relación como si se conocieran de antes y fueran amigos. Pero la mujer se siente segura con este hombre, apuesto y algo misterioso. Se monta en el coche de él y trasiegan unas horas. Se paran a cenar. Y luego lo hacen para tomar unas copas. Ella se siente atraída por el hombre, pero este parece no enterarse de esta circunstancia. Cuanto más tiempo están juntos, la mujer más amor siente por el feriante.

Mientras tanto, su hijo es invitado por una chica mayor que él a su casa. El niño no había entrado todavía a ninguna casa de su nuevo pueblo. Lo reciben casi de manera automática, como si lo conocieran de toda la vida. Los padres de la niña apenas reparan en él, pero lo invitan a cenar y a quedarse a dormir. El niño se marcha y en el camino conoce a una mujer que lo recoge en su camioneta. Todo ocurre con una maquinal naturalidad, casi insólitamente familiar. Al final el niño regresa a casa y comprueba que su madre todavía no ha retornado. A su vez la madre se separa de su ocasional amigo. Cuando le insinúa algo más consistente, el hombre la rechaza.

Aunque el lector no lo crea, Hanne Orstavik ha escrito una original historia de amor. No el que está en uno, sino el que se busca y no se encuentra.

 

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