Soledad Puértolas o el fin de un estilo de vida

La escritora aragonesa Soledad Puértolas. / efe
La escritora aragonesa Soledad Puértolas. / efe

La escritora y académica aragonesa retrata en 'Música de ópera' la burguesía acomodada de provincias anterior a la Guerra Civil a través de las mujeres de tres generaciones de una misma familia

IÑAKI EZKERRA

En 'La montaña mágica' Thomas Mann supo atrapar el alma de la burguesía ociosa y las clases rentistas anteriores a la Primera Guerra Mundial. Lo hace a través del carácter y el estado anímico de Hans Castorp, el protagonista, un joven ingeniero naval que se puede permitir todavía no saber lo que quiere hacer en la vida y para el cual da la impresión de que el tiempo no pasara o de que se puede dilapidar como una fortuna. Ese joven visita a un primo suyo enfermo de tuberculosis en un sanatorio de los Alpes suizos y esa excursión se transforma en una estancia de siete años en los que vive sumido en un estado de enajenación de la realidad, que es la sutil metáfora del mundo y de la manera de vivir a los que pondría fin la Gran Guerra del 14. Un propósito muy similar a ese es el que parece haber animado a Soledad Puértolas a la hora de escribir 'Música de ópera', su nueva entrega novelística, en la que sabe capturar y plasmar el 'zeitgeist', el 'espíritu del tiempo' que encarnaba cierta clase acomodada de provincias en la España inmediatamente anterior a la Guerra Civil.

La novela se sostiene sobre tres personajes femeninos, cada uno de los cuales representa a una generación. El primero de ellos, el que irrumpe en las primeras páginas del libro, es Elvira Ibáñez, la glamourosa viuda de Rafael Claramount, un industrial que había logrado levantar un emporio de fábricas, empresas y comercios en una ciudad que podría ser la Zaragoza en la que nació la autora, pero que no se nombra explícitamente en el libro. Doña Elvira es, sin duda, el personaje más potente y la protagonista de esta historia familiar pues reúne del modo más redondo y arquetípico los vicios que heredarán los demás personajes, entre ellos una patológica y absoluta carencia de sentido práctico. Inmersa en su preocupación por las joyas, los zapatos y la ropa elegante, a la que se añade una afición a la ópera que es a la que hace referencia el título de la obra y que la lleva a viajar por Europa en compañía de fraulen Katia, una amiga alemana, doña Elvira muestra una divertida, genuina y verosímil perplejidad ante el afán que tuvo su marido de fundar negocios para hacer dinero y que fue el que le llevó a la tumba en la plenitud de su vida.

El siguiente personaje femenino es la sobrina de esta, Valentina, una muchacha huérfana, hija de un Claramount que era un 'bala perdida' y que vive en el mismo edificio familiar dependiendo de la generosidad de su tía. El tercer personaje femenino es Alba, una nieta de Doña Elvira, que ya responde a un nuevo y más abierto modelo de mujer que empieza abrirse paso en la década modernizadora de los 60 y cuando ha quedado atrás el clima opresivo de la posguerra. Alba, posee un carácter enfermizo y no exento de melancolía, pero es la que intenta entender la historia de los suyos a través de sus propios recuerdos infantiles, de los relatos que le han contado y de las cartas a las que ha tenido acceso.

Dirigir un imperio

Sin embargo, no son esos tres personajes correspondientes a tres arquetipos de mujer los únicos que tienen dificultades para enfrentarse a la vida real. Ese mal lo padecen los mismos hijos de doña Elvira, Justo y Alejo, que se muestran incapaces de dirigir el imperio empresarial paterno y permiten que este caiga en manos de un dudoso administrador, Antonio Perelada, que a su vez pertenece a una de las familias nobles de la ciudad, los Tello, y que da la excusa perfecta para dibujar las diferencias de matiz entre la clase aristocrática y la burguesía próspera en la España anterior a la guerra. Justo y Alejo, que reaccionan de forma diametralmente opuesta cuando estalla la contienda del 36 -uno huyendo a Francia, otro alistándose en el bando de Franco-, responden igualmente a ese enajenado 'estilo de vida' que dejó de ser posible para siempre con los cambios económicos y sociales de la España desarrollista.

Soledad Puértolas es una escritora que encuentra siempre su tono, su ser, su plenitud literaria en la sugerencia reveladora, en la omisión elocuente, en los puntos suspensivos. Por esa razón, su escritura es capaz de volver expresivo y explícito hasta lo que Luis Martín Santos llamó el 'Tiempo de silencio' sin desvirtuar ese tiempo, sin romper ese silencio, sin traicionar al retrato de esa época. Por esa razón también, 'Música de ópera' es una novela que consigue contarlo todo de la España de la guerra, la preguerra y la posguerra jugando con las mismos mutismos, las insinuaciones, las ocultaciones y las medias verdades que sirvieron para amordazarla.

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