El silencio de los pasillos

JOSÉ BELMONTE

Lo dejé avisado a propósito del último libro de Antonio Parra Sanz: la novela negra está de enhorabuena, y goza de una salud con la que ni siquiera había soñado. Y ahora llega a mis manos un relato titulado 'El demonio escondido', de José A. Jiménez-Barbero (Barcelona, 1975), que porta la vitola, nada despreciable, de haber merecido el Premio Palin 2018.

Los mimbres con los que cuenta son más que suficiente como para que resulte un libro inquietante, entretenido, bien escrito, que atrapa al lector desde la primera página. Y eso, hoy en día, en un mundo literario en el que faltan las ideas y sobra el artificio y la mentira, es un valor que se cotiza al alza. 'El demonio escondido' cuenta con un elenco de personajes bien perfilados, de los que dejan huella tras su paso por el escenario. Un veterano inspector de policía, Augusto Salas, a medio camino entre el Areta (interpretado genialmente por un pletórico Alfredo Landa) de José Luis Garci y el televisivo Frank Cannon, el ex policía reconvertido a detective privado con sus eternos problemas de peso.

Jiménez-Barbero ha tenido el acierto, además, de buscarle una pareja, Carmen Reverte, que es el polo opuesto del viejo poli malhumorado. No se conforma con los estereotipos, y trata el autor de cargar sobre la espalda de ambos personajes un pasado un tanto ominoso. De ahí el paulatino enriquecimiento de este relato en el que se le dota a los personajes de una profundidad psicológica insólita en este tipo de novelas.

La acción tiene lugar en la ciudad de Murcia. Una ciudad de provincias, pacífica, tranquila y un tanto levítica, como una Vetusta en donde nunca pasa nada. Pero hay un instante en el que se activan todas las alarmas. En un conocido colegio privado regentado por curas y que goza de gran prestigio, aparece muerto un muchacho. Todo apunta a un suicidio, y el caso está a punto de cerrarse hasta que el intrépido Salas decide, contra la voluntad de sus superiores, investigar este turbio asunto. Lo mejor, acaso, resida en el ambiente que se describe en la obra: el silencio de los pasillos, la oscuridad y el olor a rancio que se respira en algunas salas del edificio, los chispeantes y nada edificantes diálogos entre policías.