Sandino, o el corazón de Barcelona

ANTONIO PARRA SANZ

A veces, como lectores, echamos un poco de menos una novela de esas de personaje, en las que una sola alma es capaz de conducir toda la trama y la narración. Eso es lo que nos regala Carlos Zanón con esta puesta de largo de Jose Sandino, un taxista barcelonés al que acompañamos durante una semana, en un progresivo descenso a los infiernos, entre las sombras del insomnio y las amenazas de la deslealtad o el tratado de cómo lograr deshacerse de una mercancía incómoda sin morir en el intento.

Sandino es amargo, está solo, a ratos perdido, guarda un fondo sarcástico justo una planta por encima de donde guarda el cariño, tiene problemas para conservar ciertas amistades, salta de cama en cama buscando algo más que compañía, es la oveja parda de la familia, la negra es su hermano pero él consigue pasar más desapercibido. Servicial si hace falta, indómito pero callado cuando el cliente lo requiere, y muy observador, porque la atalaya con ruedas en la que vive le permite contemplar, y juzgar, una ciudad como Barcelona, a la que le recorre las costuras comparándolas con el anterior traje de emperatriz que en otras décadas lució la ciudad condal.

Carlos Zanón, no vamos a descubrir ahora el secreto de la perfecta narración, sabe muy bien lo que se hace, lo ha demostrado ya en varias entregas negras, pero en esta ocasión se sale de todos los géneros para convertirse en la voz, los ojos y el alma de Sandino. Y nos da la clave para traspasarnos esa función, sentándonos en el asiento delantero del taxi. Novela dura, abrupta a ratos, con toques de humor ácido, crítica social, sentimental, negra incluso, con un ambiente musical necesario porque hay muchos caminos que recorrer. Tal vez algunos paladares se sorprendan, pero el que tenga buenas papilas narrativas le encontrará a la novela un retrogusto del silgo XX, cuando aún había muchas cosas por descubrir.

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