Palabras mayores

Manuel Moyano es capaz de trascender, con su prosa, todos los géneros literarios

ANTONIO PARRA SANZ

La narrativa de Manuel Moyano continúa su camino en pos de alcanzar las cimas más importantes que se le pueden ofrecer a la buena literatura. Y lo hace con novelas como esta, que le proporcionó, con total justicia, el XVII Premio Carolina Coronado de Novela Ciudad de Almendralejo, pero no lo hace sólo por haber recibido un premio, no es el primero ni será el último, sino que continúa por ese camino porque su autor logra escribir con un tono mesurado, pero también porque sabe muy bien cómo alumbrar argumentos que podríamos calificar como distópicos, fantásticos, ucrónicos, de ciencia ficción, y hacerlo con la naturalidad y la calidad literaria precisas como para que cautiven a cualquier lector, se confiese o no admirados de este tipo de literatura.

Tal vez será porque Moyano es capaz precisamente de trascender los tipos o los géneros literarios, y está dotado para trabajar cualquiera de ellos. El cuidado de su prosa, el 'tempo' narrativo que emplea, medido pero sin que el ritmo se ralentice en exceso, el esmero con el que maneja los argumentos y el uso de la palabra justa hacen que cualquier lector vea como algo normal, y muy verosímil, la presencia de Saint-Germain, un hombre que aparece en diversos momentos de la Historia, sin que el tiempo haga mella en él. Otro autor se refugiaría en el simple argumento pensando que la potencia del mismo haría el resto, Manuel Moyano va más allá, porque logra imbricar ese argumento en el presente más lógico, y así nos regala a Daniel Bagao, un descreído editor de revistas esotéricas, y al impulsivoKoblin, el más ferviente perseguidor del eterno viajero Saint-Germain, una pareja que mezcla idealismo y realidad recogiendo acaso una herencia de la que ningún autor español es capaz de sustraerse.

Llegados a este punto, el desarrollo de la trama puede no ser el mayor potencial de la novela, mejor dicho, no es el único as en la manga del autor, el mérito aumenta por la manera que Manuel Moyano tiene de transmitir esa trama, porque entonces nos va cautivando poco a poco, dejándonos perlas temporales entre algunos capítulos, sembrando dudas, las mismas que siente Bagao, y ya cuando nos tiene completamente en sus manos, tal y como hacían los buenos narradores del XIX, nos golpea en la conciencia con un giro argumental del que, ustedes me perdonarán, no les puedo hablar aquí. Puede que suene a tópico, pero pocas veces acertaremos tanto al decir que una novela no se podrá soltar de la mano hasta llegar a su fin.

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