Otoño en la ciudad

Otoño en la ciudad

Se reedita la única novela de Antonio Crespo, Premio Martínez Tornel de narrativa

JOSÉ BELMONTE

En 1968 -ha pasado más de medio siglo desde entonces-, un hombre ya maduro (había cumplido los cuarenta), inquieto y culto, licenciado en Filosofía y Letras y en Derecho, periodista graduado de la Escuela Oficial de Madrid, ganaba el Premio Martínez Tornel de narrativa de aquel año. El autor era Antonio Crespo y la novela llevaba por título 'Un plazo para vivir'. El libro gozó de un efímero éxito. Fue elogiado, entre otros, por el mismísimo José Ballester, director del diario 'La Verdad' y autor de exquisitas novelas. Ballester, en las solapa de aquella primera edición, cuya portada corrió a cargo del artista murciano Molina Sánchez, aseguraba que «en esta narración, que camina de un modo horizontal y sin pedir ayuda a las artesanías de la retórica, late un sutil perfume lírico».

Hoy, tantos años después, la familia de Antonio Crespo, fallecido en 2009, ha querido rescatar aquel viejo texto, difícil de encontrar, ausente, incluso, de las bibliotecas, y ha llevado a cabo una reedición con una nueva portada de José Reyes Guillén, quien lleva a cabo un delicado dibujo a plumilla de la plaza de las Flores, una de las más emblemáticas de la ciudad, presente en la obra de Crespo. En el prólogo, Miguel Crespo, hijo del autor, recuerda a los más jóvenes y a los desmemoriados el ímprobo trabajo cultural llevado a cabo por su padre en la ciudad de Murcia, «como cineasta 'amateur', escritor, periodista y crítico de cine». Y aprovecha la ocasión para dejar claro que no estamos ante una novela autobiográfica. Antes bien, se trata, pues, de un relato de ficción en donde el autor, no obstante, aprovecha a fondo sus vivencias, sus conocimientos de literatura, de música, de pintura, de filosofía, y, sobre todo, de ese periodismo que él practicó, con gran rigor, durante décadas.

La obra sigue teniendo el gusto exquisito del primer día. El personaje principal, Andrés, un solterón preocupado por su salud que no termina de triunfar en el mundo del arte por su carácter abúlico, por su poca fe en el trabajo que lleva a cabo, hace una excelente descripción de la ciudad de Murcia en su deambular por sus calles, por algunos de sus rincones. Aunque de manera velada y muy sutil, no está ausente una crítica a la manera de ser de los murcianos, a ese recato de las muchachas que se arredran a la voluntad de sus padres, que renuncian al progreso, a los nuevos tiempos, y pierden así la frescura de la juventud. Es lo que tiene la vida de las provincias, «la necesidad de comportarse con arreglo a unas normas». La obra, aunque conserva un vago recuerdo del existencialismo de autores como Albert Camus, se inscribe, sin embargo, en esa línea de autores mucho más cercanos a Crespo, como Gabriel Miró, Azorín y su novela 'La voluntad', ambientada en Yecla y en Madrid, sin descartar la visión del propio José Ballester, que se observa en la mejor de sus novelas, 'Otoño en la ciudad'. El mismo otoño en el que se desarrolla 'Un plazo para vivir'.

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