La negra flor de la Rambla

Un relato que invita a seguir investigando sobre la personalidad de su autora

INÉS BELMONTE AMORÓS

Distinta Clara' es la segunda novela de Alba Ballesta (Orihuela, 1991), galardonada con el premio de novela Ateneo Joven de Sevilla. Es esta una obra armada con versos y prosa -con la prevalencia de la segunda- que abraza una compilación de géneros fronterizos y combina el tono ensayístico con la prosa lírica, la poesía, el cuento o la epístola.

Laia, un día cualquiera de su vida, encontrará en casa, accidentalmente, un tomo con la tercera parte de las 'Obras completas' de Clara Dubasenca, extraña poeta cuyo manuscrito devorará de vuelta a Barcelona. A partir de ese fortuito incidente, la protagonista empezará a obsesionarse con la autora y decidirá emprender una búsqueda, no sabe con certeza si sobre la propia Clara o sobre el resto de su producción literaria. Aunque, al fin y al cabo, vida y obra siempre se entrelazan....

La pregunta central termina perfilándose así: ¿Quién es Clara Dubasenca? Y la respuesta se ramifica y cobra sustancia a través de múltiples vías: la memoria de los personajes, familiares, amantes o antiguos amigos o conocidos de la poeta, que Laia irá entrevistando; a través de cómo Clara es pensada por Laia, quien paulatinamente se irá enamorando de la sombra de aquella; por medio de las obras escritas, moldeadas, pintadas, etc. de la artista; a través de los espacios, -pequeñas o grandes ciudades, bares que inauguran el día próximo, pisos, etcétera- que Clara ha transitado, o de sus misteriosas cuitas familiares. Incluso, Clara se dilucida a través de su condición de personaje en la ficción que otras personas escriben (conduciéndonos, por ello, hacia un curioso juego de metaficciones).

Pero acompañar a Laia por estas sendas que conducen a Clara Dubasenca será ir matando la sombra de Clara Dubasenca; será, quizá, aprender a llamarla por otro nombre. Y, al mismo tiempo, la cazadora, Laia, intentará desasirse de la influencia de la buscada, con quien va fundiéndose significativamente, para trascenderla y encontrar su propia voz.

Al acabar la novela, tuve el gesto de continuar la búsqueda, de acercarme más a Clara. ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Hay un siguiente paso pese a que acabo de cerrar el libro? Lo más próximo a Clara Dubasenca es Alba Ballesta, pensé. Alba y Clara son, además, nombres que refieren campos semánticos muy parecidos. No digo que decidiera hacerlo, intentar una entrevista con la autora, o ir a una firma de libros y calibrar los parecidos de Dubasenca y su creadora, no hubo ahí decisión, sino más bien ensoñación e inquietud; algo parecido al síndrome del miembro fantasma: Clara estuvo conmigo durante semanas, brindándome algo nuevo de sí misma cada día, y ahora, de golpe, dejaba de estar.

Al acabar la novela, además de aquel gesto, tuve un pensamiento: pocas veces he cobrado conciencia tan bruscamente de mi incapacidad de intervenir en la ficción en tanto que lectora.

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