Un Murakami demasiado previsible

ANTONIO ORTEGA

La estrella rutilante de Murakami brilla en esta novela con una luz tenue, más apagada que de costumbre. Como si se adentrase en el rutinario quehacer de pintar un retrato por encargo, como efectivamente sucede en la novela. Por dirigirse al laberíntico bosque lleno de fantasmas propios de la quimera de un artista que pretende reconstruir en el cuadro el rostro verdadero de su modelo. El camino de la creación desde la pura nada hasta el esplendoroso cuadro. O la inolvidable novela.

'La muerte del Comendador', primera parte, es una narración de dos caminos temáticos que avanzan a la par: el de la efervescente lucha interior del artista y su obra, en este caso el protagonista, un afamado retratista de Tokio envuelto en su propia encrucijada, esto es, que se ha refugiado en una casa en la montaña para huir de un divorcio sin resolver.

El retrato que le ha de hacer a un empresario muy rico llamado Menshiki, y el que también le ha de realizar a una niña de 13 años que esconde una historia del pasado que no ha cerrado sus heridas son las pruebas de fuego de nuestro pintor para curar las heridas del desamor y las telarañas de la infancia. Alejado de Yuzu, su ex esposa, a quien no ha olvidado y acompañado del recuerdo lacerante de su hermana pequeña, quien se hace presente en forma de un incurable dolor, nuestro retratista deja pasar los días a ver qué ocurre a su alrededor.

Un búho en el desván, un viejo cuadro envuelto en papel de estraza y el sonido de una campanilla en el bosque son en este caso los amuletos de su pócima narrativa. Que se añaden al clásico Toyota Corolla destartalado, las amantes esporádicas, siempre señoras casadas, la música de Mozart, Puccini o Debussy, el insomnio y la claustrofobia y la impertérrita soledad, todas de su propia cosecha literaria. El misterio no se ha desvelado, tiene que acabar el último retrato y no logra encontrar el trazo definitivo.

El Murakami previsible, esta vez más previsible. Aunque puede darnos la sorpresa en la segunda parte.

 

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