La mujer que se equivocó de mundo

Una disertación sobre la maternidad y el amor lésbico

INÉS BELMONTE AMORÓS

Marina Tsvietáieva, autora de este breve ensayo, fue mirada por el también escritor Eugenio Baroncelli como «una mujer que se equivocó de mundo». No de época, no, sino de mundo. Y es cierto que sus parámetros de mundo, su lógica interna, eran francamente peculiares, a lo que se añade el que fuera proclive a las emociones radicales, pasionales.

Todo ello se refleja a la perfección en su libro 'Mi hermano femenino. Carta a la amazona', escrito entre 1932 y 1934, y editado ahora por Flores Raras. Es una epístola que nace como respuesta al texto de Natalie C. Barney 'Pensamientos de una amazona', si bien cabe matizar que no es absolutamente dependiente de este. El título del ensayo de Tsvietáieva, por su parte, se inspira en la siguiente frase del libro de Barney: «nosotras seremos el hermano femenino del hombre». Este pensamiento servirá a la escritora rusa para disertar sobre la maternidad y el amor lésbico.

Tsvietáieva opinaba que la cumbre del amor en una mujer solo podía reflejarse en una relación lésbica; en palabras de la novelista y filósofa Josa Fructuoso, encargada del prólogo de esta edición, «La joven tiende hacia el amor, un amor limpio que solo parece posible encontrar en un semejante, es decir, en otra mujer, en otra yo».

Sin embargo (y aquí reside -a sus ojos- la tragedia inevitable), el deseo de tener un hijo, un hijo biológico, se ve truncado. El ideal para la autora es expulsar todo lo extraño, la otredad, de las entrañas, esto es, tener un hijo de una misma (una línea en el ensayo: «¡Quisiera un hijo únicamente mío!»). Ante esta imposibilidad, lo más similar es tener un hijo de otra mujer. Ante esta segunda imposibilidad, solo nos resta conseguir un marido, pues la autora se adelanta al argumento de la adopción con estas afiladas palabras: «(¿Una hija adoptiva? ¿Ni tuya ni mía? ¿Con dos madres, además? La naturaleza hace bien lo que hace)». De este modo, la maternidad y el amor son a sus ojos irreconciliables.

Quizás uno de los temas más actuales que pueda debatirse a raíz de este ensayo sea la capacidad de amar por igual a un hijo adoptivo frente a uno biológico, así como el ahondar en la tristeza o frustración que pueda suponer a una pareja homosexual el no poder concebir un hijo fruto de ambos.

Nos encontramos ante una edición muy cuidada, donde la epístola de Tsvietáieva se combina con unos bocetos de intensa carga simbólica y en perfecta comunión con el texto a cargo de Ana H. Reyero. La edición también incluye fragmentos del ensayo de Barney, así como un prólogo de obligada lectura realizado por la también traductora de la obra, Josa Fructuoso.

 

Fotos

Vídeos