La mirada del adiós

Una visión postapocalíptica de lo que nos puede estar aguardando

ANTONIO PARRA SANZ

Para quien nunca pensó que se pudiera volver al pasado mirando hacia el futuro, Juan Soto Ivars demuestra ahora que eso no solo es posible, sino que resulta quizá demasiado fácil hacerlo, porque el tiempo y la Historia no dejan de ser algo diabólicamente circular, una especie de eterno retorno, un anillo de moebius diseñado por un dios sádico que se complace en ver cómo nos zarandea cada vez que lanza sus dados en el paraíso de su utopía, demostrando que el adiós del ayer puede muy bien llegar de la mano del mañana.

Podemos llamarlo distopía, ucronía, fantasía razonada, narrativa de Schrödinger incluso, o ahondar en toda la nomenclatura que se va aplicando a este tipo de obras, pero el caso es que Soto Ivars se mueve con cierta comodidad en un tiempo futuro gestado en la actualidad, en el que todos los miedos y unas cuantas predicciones agoreras se han cumplido, en el que los avisos que hemos ido recibiendo han caído en el más roto de todos los sacos, dando lugar a un panorama desolador, un panorama al que han regresado las dictaduras aunque con otros disfraces, y en el que, en cambio, los más desfavorecidos siguen siéndolo, porque no hay máscara posible que pueda ocultar la miseria, y los pobres lo son tanto que no dejan de serlo ni siquiera cuando el tiempo da una vuelta de campana a nuestro alrededor, cuando esa miseria se convierte en una roca de Sísifo que arrastran siempre los mismos.

La editorial Candaya, que una vez más ha demostrado tener buen oído para estas historias, hace una firme apuesta y no saldrá decepcionada, porque la palabra, la acidez y la voluntad de ofrecer la imagen justa que siempre blande Juan Soto Ivars, son un valor seguro para cualquier editor. Tres mujeres le sirven al autor aguileño para ilustrar ese futuro próximo que tan apocalíptico resulta, siempre al borde del abismo, siempre con el hambre y la inseguridad política como espada de Damocles. Una joven aspirante a abogada, una modelo que deviene un ser salvaje en el entorno hostil de un islote desierto, y una ciega dispuesta a recuperar la vista y así poder encontrar a su hermano, a la sazón un líder que del sindicalismo logró pasar a la revolución, aunque sin poder disfrutarla del todo. No vendrá mal que pensemos en lo que nos puede aguardar en esta sociedad si seguimos volviendo esquinas sin ningún miramiento, sin contar con lo que deberíamos dejar a quienes han de venir tras nosotros, acaso sea ésa la principal reflexión que Juan Soto Ivars nos regale, tal y como hace también a diario en sus colaboraciones periodísticas y con su constante presencia en las redes sociales. Avisados estamos.

 

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