Manuel Gutiérrez Aragón o relectura del campo español

Manuel Gutiérrez Aragón. / jordi alemany
Manuel Gutiérrez Aragón. / jordi alemany

En 'El ojo del cielo', su cuarta novela, el cineasta y escritor cántabro narra la peripecia de cuatro mujeres a las que la crisis económica obliga a dejar su casa y trasladarse a una cabaña del Valle del Pas

IÑAKI EZKERRA

La literatura de la crisis en nuestro país se ha centrado sobre todo en personajes masculinos -dado el papel aún predominante en nuestra cultura del hombre como responsable del sostenimiento material de la familia- y en escenarios urbanos donde hacen acto de presencia los principales actores del drama económico: los banqueros, los empresarios, los ejecutivos, los asalariados, los parados... De este modo, una novela capaz de abordar el tema de la recesión iniciada hace una década tomando como personajes centrales a cuatro mujeres en una escenografía rural resulta más que atractiva ya solo por lo que ofrece al lector de original y de excepcional. Este es exactamente el caso de 'El ojo del cielo', la última entrega novelística de Manuel Gutiérrez Aragón, que hace la cuarta de su producción desde que decidió, hace ya una década, dejar atrás el oficio de cineasta y cambiarlo por el de escritor.

'El ojo del cielo' tiene como protagonistas a una madre y a sus tres hijas a las que la crítica situación económica -que ilustra la rocambolesca huida de la Justicia por deudas de un padre que se dedicaba a la venta de helados- obliga a abandonar el domicilio familiar, del que son desahuciadas, para trasladarse a vivir a una cabaña del Valle del Pas. Aunque la propuesta narrativa resulta en principio un tanto insólita, Manuel Gutiérrez Aragón la resuelve satisfactoriamente echando mano a su experiencia como hombre de cine, creando dilatadas situaciones de una gran fuerza plástica y moviendo por ese sugerente paisaje escenográfico a unos seres convincentemente trazados en sus rasgos vitales y sus psicologías.

Valentina, a quien llaman Valen, es la hija mayor y mantiene una relación sentimental con Ludi Pelayo, que ya aparecía en una anterior novela del autor, 'Cuando el frío llegue al corazón', y que ahora reaparece en un segundo plano como personaje -es un periodista casado que tiene dos hijas- así como en un primer plano como voz narrativa del texto, que se alterna con las voces de su amante y de las hermanas de esta. Maribel (Bel) es la mediana y posee el carácter irresponsable y revoltoso de la típica adolescente. Estudia en un instituto por empeño de su madre, que la exonera de las tareas domésticas y de las labores del campo, cosa que ella no valora, ocupada, como está, en escuchar las canciones de Beyoncé con los cascos puestos y en pensar en chicos. Finalmente, Clara es la pequeña y el personaje más conseguido de las tres. Padece una discapacidad psíquica y física, que no le resta sino que más bien le otorga un especial encanto. A esos tres personajes femeninos se suman dos más en el reparto: la madre, una mujer atractiva, pero malhumorada y endurecida por las circunstancias que se impone tratar a sus tres hijas con una severidad que supla la figura ausente del padre, y Abderramán (Ab), el moro, el inmigrante que esta ha contratado para que colabore en las labores agrícolas y que, pese a sus inquietantes y taciturnos silencios, que únicamente rompe con historias exóticas de su tierra, ejerce sobre las cuatro mujeres un papel tutelar y protector que se plasmará de un modo tan discreto como trágico en las últimas páginas del libro.

Pese a que la acción novelesca se desarrolla en unos parajes rurales y campestres, 'El ojo del cielo' no es una novela que caiga en la fácil tentación del costumbrismo. No describe la vida de los pasiegos, entre otras cosas porque sus protagonistas no son unos genuinos habitantes de ese medio sino unos seres extraños en él que deben adaptarse para sobrevivir y que a la vez se encuentran conectados con el mundo de hoy. Las chicas protestan porque les falla el wifi para sus aparatos tecnológicos y la madre sigue los avatares legales del recurso contra el desahucio a la vez que en el texto cobra un fantasmal y a la vez constante protagonismo un radar del ejército que controla todo el valle como una enorme pupila y que es el 'ojo del cielo' al que alude el título del libro.

Más bien puede decirse, por el contrario, que esta novela hace una moderna relectura del campo español que tiene mucho que ver con la que han llevado a la gran pantalla diversos directores de cine como José Luis Cuerda en 'Amanece que no es poco', Javier Fesser en 'El milagro de P. Tinto', Víctor Erice en 'El sur' o el propio Manuel Gutiérrez Aragón en películas como 'Furtivos' o 'El corazón del bosque', unas veces introduciendo elementos mágicos y otras interiorizando en los sentimientos de los personajes los paisajes naturales, oscilando, así, entre la ironía y el lirismo.

 

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