En Madrid se mata poco

JOSÉ BELMONTE

Parece mentira. ¡Quién lo diría, la novela negra española triunfando en toda Europa! Hasta la transición fuimos los más torpes de la clase. Teníamos que nutrirnos de lo que venía de Europa y de los Estados Unidos. Conformarnos con una novela policiaca que no siempre cumplía con la calidad requerida para el caso. Escritores como Vázquez Montalbán, inventor de Carvalho, Eduardo Mendoza, Juan Madrid, Rodríguez Ledesma y hasta el mismísimo Marsé, nos sacaron de ese analfabetismo literario que amenazaba con prolongarse hasta el siglo XXI. Los hijos de aquellos generosos padres han hecho justicia a sus antecesores. Vayan por delante algunos nombres: Alicia Giménez Bartlett, Lorenzo Silva, Ignacio del Valle o el madrileño, afincado en Cartagena, Antonio Parra. Relatos de calidad, escritos primorosamente, con una intriga que nada tiene que envidiar a los clásicos.

'La novia gitana' es la novela policiaca del año. Sin lugar a dudas. Ha sorprendido a todo el mundo. Y aún más si cabe, quien firma este relato, Carmen Mola, pseudónimo de alguien que, de entrada, escribe como los ángeles. Un incentivo añadido, un misterio más que desvelar, como todos los que se concentran en este casi medio millar de páginas en donde el lector no puede despegar su vista, magnetizado por los acontecimientos que ahí se cuentan. La obra podría calificarse, sin exageración alguna, de brutal. De las que nos dejan sin palabras. Es, con absoluta certeza, una de las mejores novelas del género que se han escrito en España desde los tiempos de Vázquez Montalbán hasta nuestros días.

No sé quién se esconde detrás de ese pseudónimo. De lo que sí estoy seguro es que se trata de un autor, o una autora, experimentado, que sabe lo que se hace, que conoce como la palma de su mano todos los resortes del género. No es, apuesto por ello, un recién llegado.

La base del éxito de la obra radica, sobre todo, en su principal personaje. Una inspectora llamada Elena Blanco, una policía bragada en el oficio pero que sigue sorprendiéndose de hasta dónde es capaz de llegar el ser humano a la hora de hacer el mal. No hay ni un segundo de tregua a lo largo de estas páginas. Ni un instante para que el lector tome aliento y respire. Alguien dice en la novela en cierta ocasión que en Madrid se mata poco. Pero cuando se mata no hay quien lo supere. El lenguaje está cuidado hasta lo indecible.

Los personajes secundarios no son simples comparsas. La crueldad puede llegar a límites insospechados y aquí nadie sale indemne de ese mal que penetra en sus vidas como una navaja caliente sobre un trozo de mantequilla. Un cruce de culturas entre gitanos y castellanos complica aún más si cabe la historia. La autora -o el autor, quién sabe- actúa con tiento para no herir sensibilidades. Un relato, en fin, apasionante, demoledor, repleto de acción que a nadie deja impasible. Quien quiera que sea su autor tiene todo un porvenir por delante.

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