El libro póstumo de Sacks

Los científicos apreciarán esta obra y los neófitos la agradecemos infinitamente

J. ERNESTO AYALA-DIP

Desde 'Despertares' hasta 'El hombre que confundió a su mujer con un sombrero', su literatura médica siempre me interesó, sus diagnósticos neurológicos, sus observaciones clínicas y ese ángel estilístico que tenía para que sus libros se convirtieran en arte literario, además de científico. Su escritura fue lo que ante cierto tipo de comunidad científica despertó una nunca disimulada inquina, entre profesional y personal. En 'Despertares', Sacks describe en clave autobiográfíca la dedicación profesional que puso para aminorar el sufrimiento de los pacientes que sufrían encefalitis letárgica. Otra cosa era que lo hiciera con arte literario, un arte que le venía de sus lecturas de los grandes científicos, desde Humboldt hasta Charles Darwin. No sé hasta qué punto su prosopagnosia (incapacidad para reconocer rostros) también colaboró a enfatizar aquellos sentimientos. Su lugar en el campo de la neurología está señalado como importantísimo. Fue con motivo de su muerte cuando volví a leerlo. Luego vino 'Diario de Oaxaca', un libro que se publicó el año pasado. Otro inmenso descubrimiento porque, entre otras cuestiones de gran interés científico, me daba una información que yo desconocía totalmente. En 'Diario de Oaxaca' el científico se adentraba en el mundo de unas plantas, los helechos. Todos hemos visto y vemos habitualmente helechos. Los helechos (plantas sin flores) son las únicas plantas que fueron coetáneas de los dinosaurios, y son los únicos vestigios orgánicos de aquel pasado de la Tierra contado en millones de años (66 millones, exactamente). Ahora nos acaba de llegar el libro póstumo de este eximio autor, 'El río de la conciencia'.

El libro reúne diez textos de diversos calibres divulgativos. Oliver Sacks fue un eminente neurólogo. Pero además, su perímetro de curiosidad científica lo llevó a explorar otros territorios de la naturaleza. Por lo que leí suyo, tengo la impresión que hubiera sido otro gran botánico. Los trabajos aquí reunidos abundan en los comentarios sobre la obra de Charles Darwin, científico al que se refiere siempre que se cuadra la ocasión. Hay también un trabajo sobre Sigmund Freud. Aquí da información valiosísima sobre aspectos del fundador del psicoanálisis que suelen pasar desapercibidos cuando no directamente ignorados (estuvo a punto de descubrir las neuronas, las células diferenciadas que más tarde descubrió Ramón y Cajal). Me refiero a su faceta de investigador de la ciencia neurológica. En resumen, una gozada de libro. Los científicos lo apreciarán. Y los neófitos se lo agradeceremos infinitamente.