Juan Trejo y la novela de autoficción

El autor catalán Juan Trejo. / efe
El autor catalán Juan Trejo. / efe

En 'La barrera del sonido', el autor barcelonés cuenta la huida del barrio de la niñez, los viajes de placer o de trabajo y la vida cotidiana de un escritor que guarda con él muchas similitudes biográficas

IÑAKI EZKERRA

La autoficción es uno de los derroteros que está tomando la actual narrativa española. Cada vez son más frecuentes las novelas en las que el autor juega a convertir en materia argumental datos y hechos reconocibles en su propia biografía, unas veces para darnos ciertas claves sobre su persona o su obra, otras como ejercicio puramente lúdico. Ejemplos cercanos de esta tendencia literaria los encontramos en 'La noche fenomenal' de Javier Pérez Andújar o en las más recientes entregas de Antonio Muñoz Molina: 'Un andar solitario entre la gente' y 'Tus pasos en la escalera'. De estas últimas, la primera, publicada el pasado año, lindaba con el dietario; la segunda era ya una ficción novelesca, pero el escritor echaba en ella mano, para construir su personaje, de determinadas circunstancias que coincidían con su propia vida, como la estancia en Nueva York junto a su esposa. En su recién publicada 'La barrera del sonido', Juan Trejo lleva la autoficción a su expresión más radical. El libro rebosa de datos y aspectos que coinciden con los de su propia trayectoria vital y profesional, de tal modo que no resulta fácil saber cuáles de entre ellos son reales o ficticios.

Escrita en una primera persona que corresponde al personaje principal, la novela arranca con una evocación no precisamente sentimental de Vallcarca, un humilde barrio barcelonés en el que nuestro hombre pasó su infancia y al cual debe volver de vez en cuando para visitar a su madre, excursión que hace con su mujer y sus dos hijos experimentando un claro disgusto y el deseo de no toparse con caras conocidas que le obliguen a averiguar lo que el tiempo ha hecho con quienes trató hace años. De dicho barrio, que ya de niño le parecía situado fuera del tiempo y del espacio, él siempre quiso escapar buscando un futuro cosmopolita y amable, una autorrealización existencial y profesional que no encajaba en aquellas limitadas calles. «De Vallcarca no me fui, me exilié», dice ese protagonista-narrador ya en la primera página de una novela que es en realidad el largo y detenido relato de ese exilio. Relato que fluye en un registro realista y hasta excesivamente detallista como la propia vida, sin que suceda en esta ningún acontecimiento extraordinario ya que no puede llamarse así la prematura muerte de su hermana mayor a los veintiún años por su adicción a los opiáceos, una desgracia que contribuyó de una manera definitiva a enrarecer el feo clima familiar que él vivió desde niño.

Ese personaje se casa, se convierte en padre, va viviendo de las traducciones, dedica el tiempo que puede o que le permiten sus obligaciones en atender a su vocación de escritor y empieza a dar los primeros pasos de su sueño de ver mundo cuando muere su suegro y les deja a él y a su mujer un piso con cuya venta pueden hacer, entre otras cosas, un viaje a Roma al que le seguirán luego otros a Caracas, Berlín, Londres, Ciudad de México, Monterrey y Bogotá sin que se dibuje una verdadera línea argumental.

Digamos que esos desplazamientos y los encuentros que tiene en ellos con otros escritores, la propia existencia en sí misma, es lo que compone el sentido del discurso de este texto en el que suplen al argumento ciertas claves que ya están presentes en las anteriores novelas de Trejo: la culturalista (hay un momento en que Sergi Pàmies habla de los miedos de la paternidad y otro en que el héroe sueña con que hace de guía para David Lynch por Gerona), la clave que podemos denominar 'transgeográfica', que da fe del abaratamiento del fenómeno viajero en nuestra época, y la clave 'transpolítica' que ya estaba presente en su primera novela, 'El fin de la guerra fría', y que relaciona al individuo concreto con hechos de repercusión internacional como la caída de Lehman Brothers o los atentados de las Torres Gemelas.

La contraportada de este libro habla de «un episodio crítico y decisivo que marcará para el resto de su vida» al personaje central. Da a entender que todo lo que sucede en sus 314 páginas pivotara en torno a ese grave hecho, pero no es así, empezando porque de tal acontecimiento se nos da noticia en el último tramo del texto y nada de lo que se nos va contando antes lo aventura ni lo insinúa sino lo ignora totalmente. Más bien estamos ante un planteamiento fallido de 'forzada causalidad' muy similar al que presentaba la segunda novela de este autor, 'La máquina del porvenir', en la que un joven sentía «inverosímilmente» que ya nada sería igual tras la muerte de una madre a la que llevaba media vida sin tratar.

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