Ignacio Martínez de Pisón y la novela sin ficción

Ignacio Martínez de Pisón.B/Borja Agudo
Ignacio Martínez de Pisón.B / Borja Agudo

En 'Filek', el escritor aragonés sigue el rastro hasta su muerte en Hamburgo de un hombre que timó a Franco con un combustible que sacaría a España de la pobreza

IÑAKI EZKERRA

Aunque no resulte difícil buscarle antecedentes, se atribuye la 'invención' de la 'novela documental' a los hermanos Goncourt pues, además de ponerla en práctica, la formularon teóricamente en su famoso 'Diario' como una narrativa que se sirve de los métodos de investigación de los historiadores para conseguir el mayor grado posible de fidelidad a la vida en el texto. Un ejemplo reciente de esa literatura en España lo tenemos en 'El impostor', la obra en la que Javier Cercas novelaba la farsa de Enric Marco, el hombre que llegó a liderar la CNT emergente tras la Dictadura y a presidir la Amical de Mauthausen, sin haber sido en su vida ni el anarquista clandestino ni el deportado al campo de concentración nazi de Flossenbürg por los que se hizo pasar. Y otro ejemplo ilustrativo lo tenemos ahora en 'Filek', la última entrega narrativa de Ignacio Martínez de Pisón, que trata sobre otro prodigioso farsante de la historia de nuestro país y que lleva el elocuente subtítulo de 'El estafador que engañó a Franco'.

Filek fue el individuo que logró convencer a Franco en 1939 de que había inventado un novísimo y baratísimo carburante que era capaz de reemplazar a la gasolina y que podía fabricarse a base de mezclar yerbajos con agua del Jarama y otros ingredientes pedestres a los que, finalmente, se añadían otros secretos que solo él conocía. La historia de este glorioso timo sonaba en la memoria colectiva como poco más que una leyenda de la generación que hizo la guerra hasta que Martínez de Pisón la halló referida -según explica- en diez líneas de la extensa biografía que Paul Preston escribió sobre el dictador. La prensa de la época se hizo eco del invento, que ahorraría ciento cincuenta millones de pesetas anuales a la precaria economía de la España de posguerra y elogió el patriotismo de Filek, que habría rechazado jugosas ofertas de compañías petrolíferas por lealtad a la causa franquista. A partir de estos datos, o sea a partir de cero prácticamente, el autor se mete de lleno en una dificultosa y rigurosa tarea de investigación, documentación y recomposición de la casi imposible biografía del personaje que da cuerpo a un libro de 285 páginas en las que el lector no encontrará nada de paja.

En 'El impostor', Javier Cercas renunciaba de antemano a crear y a recrearse en un gran personaje novelesco de raigambre dostoyevskiana por unos escrúpulos morales que explicitaba en alguna parte del libro. En efecto, el de la Shoah era un material demasiado sensible para hacer humor negro. En el caso de Pisón y su 'Filek' esa renuncia se justifica sobradamente por el propio carácter insólito del personaje retratado. Su vida es, por sí misma, tan increíble que cualquier añadido ficcional no serviría más que para poner en tela de juicio la verdad de los hechos, para devaluar todos los hallazgos en la investigación del escritor y quitarle al texto lo que tiene de absolutamente veraz. Si la realidad supera a la ficción, esta última no tiene ninguna necesidad de comparecer. Lo más que puede hacer el escritor es lo que hace en este libro: rastrear su guadiánica peripecia vital por las cárceles españolas, los campos de concentración y los archivos de Europa, buscar una explicación para sus desconcertantes movimientos y penetrar en su psicología, que presenta indicios de una patología moral que no se le escapan al autor. Y es que para timar al Franco vencedor de la contienda del 36 en los momentos más sanguinarios y exaltados de su régimen; para entrar en aquel nido de víboras con semejante temple de estafador se requiere un talento y una audacia que nos brinda los instantes más regocijantes del libro. El problema de Filek es que no se quedó en eso, en tomar el pelo a los engreídos vencedores de la 'Cruzada del 36', sino que también engañó y le sacó dinero a un pobre judío francés con la artimaña de mediar a favor de su hijo, recluido en un campo de exterminio. Infamia a la que dos años después, en 1944, se añadiría, como una cínica vuelta de tuerca, la pretensión de ser recatado como uno de los judíos sin patria que huían del Holocausto. En ese episodio de su viva Filek emula a 'El General della Rovere' de Indro Montanelli que Rosellini llevó al cine pero sin la grandeza de ese impostor que se redime asumiendo la impostura hasta el sacrificio.

El seguimiento que hace Martínez de Pisón de este personaje es admirable. Lo va persiguiendo hasta los últimos años de su vida en Hamburgo donde él y su esposa adoptan a un joven de 31 años no se sabe con qué intenciones y como una trampa que Filek se hiciera a sí mismo.

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