Un hombre que lee vale por dos

Una sutil y bien escrita historia del colonialismo francés

PATRICIO PEÑALVER

Hay libros que no se leen por su argumento, otros porque los vas aparcando por falta de tiempo o por azar. Justo lo contrario sucede con aquellos otros que, de pronto, te encuentras en la mesa de novedades de las librerías o de las bibliotecas, los miras, los hojeas y ellos mismos te invitan inmediatamente a ir con ellos. Después, comienzas a leerlos y te van embriagando suavemente, sin estridencias. Esto es lo que ocurre con esta novela corta que trata de otros libros, de libreros y de la pasión por la lectura, entre esas dos orillas del Mediterráneo que van desde Francia a Argelia.

En este breve pero intenso relato, todo gira en torno a la figura del joven Edmont Charlot cuando en 1936 decide trasladarse a Argel para abrir la librería 'Las verdaderas riquezas', que no solo será un lugar para los libros, sino también para el arte, la edición y la reunión de unos grupos de escritores que después pasarán a la posteridad. Sin embargo, la narración comienza en 2017 cuando el joven Ryad, de la misma de edad que Charlot, estudiante de ingeniería en París, acepta el encargo de trasladarse a Argel para vaciar la librería y repintarla para un cliente que quiere poner un negocio de venta de buñuelos; asunto nada baladí en el que ya se nos muestra la actual precariedad laboral y la suerte del oficio de librero.

Este joven muy pronto se encontrará buscando por las callejuelas, hasta llegar a la calle Hamani, la antigua calle de Charas, y en su número 2 bis descubrirá el cartel del escaparate: «Un hombre que lee vale por dos». Allí se encontrará, frente a ese cartel, con la figura de Abdallah, el encargado de los libros de préstamos, que mide casi dos metros, y que se obstina en permanecer ahí llueva o truene, que no habla con nadie. Se trata de un hombre silencioso y que ese día tiene el corazón roto.

Una vez situados en la historia y las callejuelas de la bulliciosa ciudad en 2017, la narración dará un sorprendente giro y en esos saltos temporales, a través de los diarios de Edmont Charlot, volveremos a sumergirnos en la intensidad de la vida cultural de esa librería durante 1935-1936.

La escritora argelina Kaouther Adimi, jugando con los tiempos narrativos, experimentando con los diversos registros, entre lo que llamamos la realidad y la ficción, mezclando el presente con el pasado, también nos deja una sutil historia del colonialismo francés durante las décadas de los cuarenta a los setenta, con sus luchas, sus represiones y violencias, hasta llegar a la independencia, y después de contar la historia y el nombre de esa librería, que está inspirada en una novela de Jean Giono, a través de ese diario de Edmond Charlort que, como editor, descubrió a Camus, Saint Exupèry o Gide; de nuevo acabará regresando al presente de ese Argel de 2017 con los avatares del joven Ryad y su encargo. Una novela breve y, sin embargo, larga en esencia.