Historias de niños para adultos

Historias de niños para adultos

Un magnífico y peculiar ejemplo de novela de aprendizaje

MANUEL CIFO

«Érase una vez, porque así es como deberían empezar todas las historias, un niño que perdió a su madre». Así es como comienza la novela, como un recuerdo de los cuentos de hadas que la madre de David, un niño de doce años, solía relatar a su hijo cuando él era pequeño y que, posteriormente, él leía a su madre, durante la convalecencia por la enfermedad que la llevó a la muerte. Una novela muy distinta a las que Connolly había escrito hasta ese momento y en la que están presentes algunos de los recuerdos y vivencias de su niñez, sus experiencias con la tristeza y el dolor y sus miedos de la adolescencia. Y, junto a todo esto, una muy personal reinterpretación de algunos cuentos clásicos, como los de Caperucita Roja, Hansel y Gretel, Blancanieves y los siete enanitos o 'El agua de la vida', para adaptarlos a la sociedad actual. Porque, como decía la madre de David, «las historias querían que alguien las leyese, que lo necesitaban, porque era lo que las hacía salir de su mundo para entrar en el nuestro, querían que les diésemos vida».

Nos hallamos, pues, ante un magnífico y peculiar ejemplo del género de la llamada novela de formación o novela de aprendizaje ('bildungsroman'), en la que se intenta plasmar la evolución física, psicológica y moral de un personaje desde la niñez a la madurez. Un proceso de crecimiento que, en el caso de David, se produce en un corto espacio de tiempo: el que comienza cuando su padre se casa con la administradora del hospital donde, cinco meses antes, había muerto la madre de David; cuando el niño comienza a sufrir extraños ataques y a oír «los sonidos de los libros» que hay en la consulta de su psiquiatra; cuando hace su aparición el misterioso Hombre Torcido, que le habla en sueños; cuando los bombardeos de Londres por parte de la aviación alemana son cada vez más frecuentes, y cuando David empieza a oír la voz de su madre, que le dice que no está muerta y que vaya a buscarla.

En el momento en que un avión alemán se estrella cerca de su casa, David se introduce en el hueco de un árbol y, a partir de entonces, comenzará una apasionante andadura por un mundo de fantasía, imaginación y extrañas y peligrosas aventuras, en las que tendrá que enfrentarse a brujas, duendes, guerreros, lobos, etc. Y, curiosamente, tras cada una de esas experiencias aparece un David más fuerte, más maduro, más inteligente, más valiente y más astuto. Porque, como afirma el autor en la dedicatoria del libro, «en cada adulto mora el niño que fue, y en cada niño espera el adulto que será».

En definitiva, una muy original y atractiva novela, en la que el autor recrea algunas vivencias y temores de su infancia junto con un homenaje a los cuentos de hadas, las torres oscuras y otros asuntos similares, y muy especialmente a los hermanos Grimm.