Una historia de amor y riesgo

ANTONIO ORTEGA

Como Juan Preciado llega a Comala tras la memoria idílica de su padre, Pedro Páramo, y encuentra solo murmullos, ecos y sombras de almas en pena, así vuelve Onofre un domingo y otro a Los Olmos para curar su mala conciencia por abandonar aquel territorio y a la anciana y solitaria madre. Sucede en 'El orden de la vida', la nueva novela de Pascual García, narrador y poeta de Moratalla. Los Olmos es el singular territorio original, agreste, duro, donde hay que enfrentarse en un duelo al sol borgiano por cada trozo de felicidad.

Ya en 2003 el escritor definió el espacio pseudobiográfico de Los Olmos en 'Nunca olvidaré tu nombre' y en 2010 en 'Solo guerras perdidas', al que Aníbal Salinas retorna en periodos distintos para saldar cuentas con las últimas heridas de la Guerra Civil. Y de paso revivir al modo azoriniano algunos vestigios del pasado que no habían cerrado sus cicatrices.

'El orden de la vida' es una novela rural, murciana, actual, una novela de acción cuyo protagonista se mueve bajo los afectos de la pasión y la quimera del dinero. Y es también una laboriosa construcción del personaje desde una órbita psicológica en la que este ha de sobrellevar con dolor la inquina permanente de su cobardía. Una hermosa mujer, una familia feliz, una cómoda casita son el sueño de Onofre, capaz de hacerle emprender una odisea por el agraz paisaje murciano, de Los Olmos a Las Arenas, de la montaña al vergel, de las viejas tradiciones al paraíso de la vega.

La economía agrícola, ambos trabajan en un almacén de frutas, no produce riqueza y quien tiene prisa por ganar dinero ha de buscarlo en lugares poco recomendables. Con los ojos cerrados y el corazón en manos del deseo y la belleza de Irene, Onofre se lanza sin freno por el sendero del tráfico de drogas, paseando su timidez entre los gañanes de la delincuencia organizada con la dosis de osadía necesaria para no salir huyendo al primer susto en alguna esquina del camino. De Las Arenas a Los Olmos, recorre el camino contrario a su ruta habitual, y se juega la partida de la vida y de la muerte.

El desorden cronológico se adecúa bien a la conducta de Onofre, atrapado por el miedo y la avaricia, en un flash back que permite al autor viajar al pasado y justificar en parte sus reglones torcidos. El espacio refuerza con los dos climas y geografías las dudas y certezas del protagonista. El narrador omnisciente relata los hechos en tercera persona con un realismo mágico y se adentra en el interior del protagonista para detallarnos sus miedos y sus deseos. Onofre es un antihéroe, un perdedor que tiene que tomar una decisión final que carga con las servidumbres del pasado y los sugestivos placeres del presente. Qué harías tú, lector.

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