Gozar la vida, no bajar la guardia

La escritora Clara Obligado, ayer en la Biblioteca Regional de Murcia. / enrique martínez bueso
La escritora Clara Obligado, ayer en la Biblioteca Regional de Murcia. / enrique martínez bueso

La exiliada política argentina Clara Obligado, que ha presentado en Murcia su nueva novela, 'Salsa', advierte: «A España la veo en grave peligro tras esta aparición de la ultraderecha»

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

«Combato mucho contra mí misma, porque soy bastante vaga y tengo cierta tendencia al desorden», cuenta Clara Obligado (Buenos Aires, 1950), a quien ese combate le lleva «a todo lo contrario: a trabajar mucho y a ser ordenada». «Lo que no soy es nada dócil, no me callo nunca, y eso no es una buena idea», añade. Ganadora con 'El libro de los viajes equivocados' (Páginas de Espuma) del IX Premio Setenil 2012 al Mejor Libro de Relatos Publicado en España, narradora que hace las delicias de sus fieles lectores, maestra de jóvenes escritores, devota de Borges y exiliada política de la dictadura militar argentina -vive en Madrid desde 1976-, ayer, acompañada de la también escritora, y psicoanalista, Lola López Mondéjar, presentó en Murcia su nuevo libro, 'Salsa' (Entreambos). Una «historia plural y tragicómica» en la que aborda, «con humor y sin tapujos», historias de mestizaje que tienen como escenario Madrid y como protagonistas a personajes llegados de África y de América. Personajes que en la pista de baile de Los Bongoseros de Bratislava es donde giran y se entremezclan. A Viviana, uno de ellos, le dicen: «Qué suerte que tenés, Viviana, vivís en Europa».

«Es un hecho que en ocasiones corremos hacia lo que nos encadena, y ese es el caso de las mujeres que apoyan el machismo»

Hay algo que se nota leyendo a Clara Obligado: le encanta la gente. «Soy muy sociable, sí. A mí todo el mundo me cuenta su vida, y yo disfruto escuchando a todo el mundo porque soy muy cotilla, lo reconozco [risas]», dice.

-¿Qué no tiene usted?

-No tengo grandes metas ni grandes esperanzas; no soy un hombre, soy una mujer. Y busco las pequeñas cosas más que las grandes, porque para mí los triunfos tienen más que ver con lo cotidiano que con las grandes gestas.

-¿De qué quería hablar?

-De la emigración, que es un tema que me interesa mucho, por una parte; y, también, de mujeres que ya dejaron atrás la juventud. Además, quería hacerle un homenaje a la literatura popular: el culebrón, la telenovela... Y que quedase claro que, a pesar de las dificultades, hay que mantener viva la alegría de vivir, cuya presencia en este libro me parece esencial.

-No siempre es fácil...

-... no creo que la alegría sea obligatoriamente incompatible con el sufrimiento. Hay gente que sufre mucho, sí, pero al mismo tiempo su filosofía vital le hace buscar salidas, ser entusiasta, mantenerse alegre. Y, desde luego, uno puede ser crítico y alegre a la vez, algo que me parece que está presente en el alma latina.

-¿Qué tipo de literatura no le interesa?

-La banal, lo cual no quiere decir que no sea lícita. A mí no me interesa, para mí la literatura es un espacio de representación del mundo y de pensamiento.

-Lleva muchos años viviendo en España, ¿cómo ve hoy nuestro país?

-A España la veo mejor que cuando estaba entregada al PP; a mí me gusta más este Gobierno [presidido por Pedro Sánchez]. Pero, y lo digo con enorme preocupación, la veo también en grave peligro tras esta aparición de la ultraderecha, algo que no habíamos conocido en los últimos cuarenta años. La verdad es que me inquieta, y creo que la gente de la cultura tiene que tener una postura más activa, porque hemos sido muy castigados por los últimos gobiernos. Y me parece que no hemos sido castigados por casualidad, sino porque sienta mal que nuestro papel consista también en ser críticos y en decir lo que pensamos. Por eso, se le quitan ayudas a la cultura y se la ataca directamente.

-Muchas mujeres apoyan y votan a esa ultraderecha que usted cita.

-Lo sé, y desde mi punto de vista están bastante equivocadas. ¿Cómo pueden apoyar algo que no les conviene? Es doloroso que se avengan a algo que no les beneficia. Es un hecho que en ocasiones corremos hacia lo que nos encadena, y ese es el caso de las mujeres que apoyan el machismo, que evidentemente las hay y que favorecen que siga existiendo. Mire, es cierto que la revolución de las mujeres es imparable, pero no necesariamente lineal y hacia adelante. Pensemos, por ejemplo, en Afganistán, que era un país bastante progresista y mire cómo están las cosas ahora allí. Realmente, es cierto que las mujeres ocupamos el lugar de la utopía y que vamos para adelante, pero también lo es que los retrocesos son muy peligrosos; ahora estamos escuchando voces que van en esa línea. Escuchar a [Jair] Bolsonaro [nuevo presidente de Brasil] es tremendo, como también lo es escuchar a Vox; son voces muy preocupantes y hay que tomarse este tema muy en serio.

-¿Qué le caracteriza?

-Yo diría que, por ejemplo, cierta honestidad cultural: no hago literatura comercial, no me entrego al mercado. También mi defensa de los Derechos Humanos, donde integraría la pelea en apoyo de las mujeres. Y, muy importante, cierta capacidad de ser feliz. Yo soy una persona feliz, me gusta ser feliz y peleo por ello.

Esperanza

-¿Cómo lo consigue?

-No pierdo la esperanza, que creo que no es solo algo que nos mueve y nos da un espacio de utopía, sino también una manera de enfrentarte a los hechos; hay que actuar, se puedan o no arreglar las cosas, como si fuese posible arreglarlas. Somos un conjunto de personas que viven en el mundo y tenemos que contar unos con otros. Si no lo hacemos, vamos hacia la destrucción, lo cual sería poco inteligente por nuestra parte. Yo, en los otros encuentro muchas satisfacciones.

-¿Tiene confianza en las nuevas generaciones?

-Muchísima, por distintas razones. Por un lado, porque soy madre de jóvenes [tiene dos hijas: Camila y Julieta] y me gusta cómo son. Después, porque llevo muchos años en España y creo que gran parte de los jóvenes de hoy forman parte de la generación más culta que ha tenido este país. Una generación, además, bastante comprometida en lo político y en lo personal; por ejemplo, muchos chicos son feministas. Hay que tener en cuenta que es una generación a la que se castiga mucho, que a pesar de estar muy bien formada no tiene trabajo; eso es durísimo. Por otro lado, los jóvenes han hecho también posible que a derecha y a izquierda hayan surgido movimientos políticos interesantes.

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