Ginés Sánchez y el sexo hiperrealista

El escritor murciano Ginés Sánchez. / efe
El escritor murciano Ginés Sánchez. / efe

En la quinta novela de su producción, el escritor murciano toma como protagonistas a tres mujeres: una profesora universitaria, una prostituta y una camarera que ama la fotografía

IÑAKI EZKERRA

La trayectoria narrativa del escritor murciano Ginés Sánchez ha venido definida por un cierto punto de provocación, de exceso, de hiperbolización del realismo novelesco en la que precisamente reside no solo su intención efectista sino una brillantez innegable. En 'Lobisón', su primera entrega narrativa, publicada en 2012, hacía contrastar y sintonizar simultáneamente los rasgos autistas de un adolescente con una aventura filodelictiva en furgoneta de tal manera que confluían cuatro géneros en el resultado: el gótico del hombre lobo, el de carretera, el llamado 'western ibérico' y el del relato de formación. En 'Los gatos pardos', obra con la que obtuvo el Premio Tusquets en 2013, nos ofrecía un retablo de sicarios, puñaladas y balaceras en una noche murciana de San Juan que deslumbraba por su carácter insólito. En 'Entre los vivos' (2015) abordaba el tema de la crisis económica con unos tintes febriles, alucinatorios e incluso mitológicos que solo se reconciliaban con la realidad en la figura dramática de un joven condenado al paro. En 'Dos mil noventa y seis' (2017), la impostura hiperbólica venía de la mano de una distopía futurista. Y así llegamos a 'Mujeres en la oscuridad', la quinta novela del escritor murciano, que es la más realista de su producción porque, en vez de deformar la soledad infantil, la violencia, la tragedia del desempleo o el miedo al futuro, el autor se adentra en los rasantes y tectónicos parámetros del sexo, que solo queda distorsionado o enrarecido por el indiscreto y atrevido acercamiento de su mirada a la intimidad de los personajes femeninos en torno a los que pivota este ambicioso proyecto.

Lo que hace Ginés Sánchez en 'Mujeres en la oscuridad' es enfocar, con una linterna inevitablemente masculina, el oscuro y velado universo sexual de la mujer, para mostrarlo en un primer plano y en una suerte de hiperrealismo narrativo. En esa operación voyeurista consiste en esta ocasión la provocación de este escritor. Y lo que enfoca no es otra cosa que la obsesiva atracción, no exenta de componentes sadomasoquistas, que Julia, una madura profesora universitaria, siente por los jovencitos; la relación de desdén hacia el sexo que experimenta Miranda, una prostituta latinoamericana de origen humilde que compagina su trabajo en círculos de élite con una incurable melancolía por su tierra; o la difícil búsqueda del amor de Estefanía (Tiff), una veinteañera lesbiana que trabaja de camarera y adora la fotografía. De este modo, el novelista no deforma, como en sus anteriores entregas, el objeto de la narración sino su visión para meterse en un tema no carente de riesgo pues no faltará, sin duda, quien, desde la óptica ginocéntrica juzgue este ambicioso texto de casi seiscientas páginas como una errada, ilegítima y temeraria intromisión en la sexualidad femenina. De este modo también, las fantasías a las que hasta ahora era propensa la imaginación literaria de Ginés Sánchez se quedan esta vez en los límites considerablemente más realistas de la fabulación del deseo.

'Mujeres en la oscuridad' es una obra de madurez en la que el escritor ha vertido toda la sabiduría de su oficio, sus recursos técnicos y su habilidad de orfebre léxico. Para contar las vidas de esas tres mujeres, para llevar al lector a los pasados y a los mundos interiores de estas, echa mano de los diálogos y los monólogos; de los devaneos oníricos y también de las reflexiones. Pese a abordar un tema que se presta, como ningún otro, a los tópicos de la ideología de género, hay que decir que esta novela consigue eludir toda concesión a la corrección política. El triple retrato que nos ofrece de las existencias y los temperamentos de sus tres heroínas encierra una contradicción que juega a favor de su verosimilitud porque las hace psicológicamente complejas. Por un lado, las tres han sido víctimas pasivas de los juegos de dominación social en un mundo donde imponen sus reglas los hombres, pero, por otro, las tres se muestran en una actitud activa en todos los aspectos, incluido el sexual. De hecho, es ese rol de actividad en el que se hallan sumidas el que hace que, sin conocerse, terminen siendo aliadas y confluyendo en un viaje a Ámsterdam con el objetivo de hacer entrega al hermano de Julia de una mochila de color azul que alberga una ropa agujereada por unos misteriosos disparos. Dicha mochila desliza la novela hacia el género negro y hacia una trama criminal que no acaba de ensartarse con naturalidad en el conjunto.

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