Elogio sentimental del cuento

Elogio sentimental del cuento

David Roas maneja el relato con sabiduría y guiños al mundo literario

ANTONIO PARRA SANZ

Que el relato es un género que goza de gran predicamento en nuestro país está fuera de toda duda, casi tanto como el destino minoritario que luego tiene en las librerías, en las que parece que siempre pierde la confrontación comercial frente a la novela. Dicho de otra manera, somos un país con una gran tradición cuentística que siempre es disfrutada por una minoría, eso sí, fiel como ella sola. ¿Existe entonces una fórmula mágica para que el género se extienda a más lectores? Tal vez no haya, pero autores como David Roas andan bastante cerca de ella, por su escritura, por la temática, por el cariño con el que perfila sus libros, por los guiños al lector, por la metaliteratura, el cine, los múltiples planos de la realidad.

David, por otra parte, no está solo en este empeño, le acompaña nada menos que Páginas de Espuma, la editorial más importante de España en lo que a relato breve se refiere, que tras unos cuantos años de trabajo sigue empeñada en que todos podamos disfrutar de un género que en este volumen, con apenas veinte piezas, nos pone los dientes largos para mucho tiempo. Y es que hay relatos que rozan la perfección, como esa historia de misterio y algo más que encontramos en 'Cerezo rosa', con esa dentadura en su vaso, único recuerdo del marido extinto, o la verdadera historia de amor y filias de 'Casa con muñecas', una delicia en muchos sentidos, como comprobará pronto el lector, que también deseará regresar a él en más de una ocasión.

Pero hay también relatos demoledores, en los que la sombra de Poe y Lovecraft está muy presente, y en los que también la personalidad literaria de David Roas aflora en cada línea, tales como 'La casa vacía' o 'Altruismo', éste último es una antología de cómo se puede trabajar el género zombie sin caer en la vulgaridad ni en el extremismo sanguíneo. Tenemos igualmente guiños al mundillo literario, como el magnífico 'Hambre', que arranca la cabeza de más un 'best-seller', y un puñado de piezas más breves que nos conquistan en tres o cuatro páginas, con señuelos para docentes, filósofos, cuentistas o Alicias sin espejo, buscadas por el hijo pequeño del autor, capaz de descubrirle nuevas e inquietantes realidades. Sin olvidarnos, por supuesto, de la capacidad de trabajar con el terror, mezclándolo siempre con lo cotidiano, cierta obsesión por las habitaciones 201 de los hoteles, o las dichosas muñecas de porcelana, que nos dejan más de una vez sin habla. Déjense invadir por este libro, nadie en su sano juicio cuentístico se arrepentirá.

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