Cruce de caminos

ANTONIO PARRA SANZ

A mitad de sendero entre la novela negra y la puramente sociológica, Mario de los Santos se aferra a la música de Los Suaves para contarnos una trama cuádruple que en verdad es una y solo una, porque aquello de los seis grados de separación que hay entre los seres humanos parece aquí más real que nunca, a juzgar por la forma en la que se van entrelazando las cuatro historias propuestas. Y es que no se puede ignorar a quienes caminan a nuestro alrededor, porque en cualquier momento podemos tener la demoledora certeza de que compartimos pasos con ellos.

Decimos que no llega a ser negra porque no hay investigación, aunque sí muertes, las que irán diezmando gracias al veneno a las últimas hermanas de un convento de clausura muy codiciado por ciertos constructores. Un convento que, a la sazón, se mantiene en pie gracias al sacrificio de la hermana más joven, sobrina de la superiora, que ha aprendido a generar recursos gracias a ciertas actividades, turbias y nocturnas, que realiza por internet. Especulación y sexo en las redes sociales, dos señas de identidad muy habituales de nuestro tiempo.

Esas muertes irán traspasando los muros del convento y, en una suerte de contagio, son magistralmente utilizadas por Mario de los Santos para presentarnos a los protagonistas de las otras tres historias, un banquero acusado de pedofilia que mira a la monjita actuando en la red, la esposa de cierto constructor ambicioso que lucha su batalla contra el cáncer y un policía enamorado de la mujer a la que de niño maltrató en el colegio.

Las notas de Los Suaves serán el punto de conexión para esta prosa que poco a poco va ganando al lector, y la mano que tiende esa noche del título es la última tabla a la que todos estos personajes pueden aferrarse, aunque revienten los planes del obispo, aunque alguno tenga que pisar la cárcel, aunque otro alguien llegue a vengarse con el tiempo justo. Dejen que sus sentidos se despierten.

 

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