Cristina Morales y su 'novela contra el todo'

La novelista granadina Cristina Morales. / efe
La novelista granadina Cristina Morales. / efe

En la obra con la que ha ganado el premio Herralde, la autora granadina cuenta la historia de cuatro mujeres que padecen una discapacidad intelectual que ellas viven como una forma de rebeldía

IÑAKI EZKERRA

Una novela no tiene por qué ser políticamente correcta sino más bien podría defenderse lo contrario: que toda buena literatura es una insurrección contra la corrección política. Tampoco sus personajes deben ser moralmente presentables ni tener razón, ni aportar ninguna solución del mundo, como hacen los políticos que agravan los problemas que tendrían más fácil solución. En 'Los apuntes del subsuelo', Dostoyevski nos presentaba una voz en primera persona que lo criticaba todo, un ser que estaba contra el mundo, pero también contra sí mismo y que nos ganaba por el carácter genuino, original y divertido de sus fobias. Otro tanto nos pasaba con el Fernando Vidal Olmos de Ernesto Sabato en 'Sobre tumbas y héroes', un tipo de estirpe dostoyevskiana del que habríamos huido, de tenerlo delante, pero que nos seducía por su discurso delirante y destructivo, especialmente contra lo que hoy llamamos 'buenismo progresista'. Los que peor salían parados en sus diatribas eran los discapacitados de la vista y los idealistas del anarquismo. Curiosamente, son la ideología libertaria y otra discapacidad como la mental las dos 'figuras' que se salvan de la quema en 'Lectura fácil', la novela con la que la escritora granadina Cristina Morales ha obtenido el último premio Herralde y en la que, salvo esas dos excepciones, no deja títere con cabeza.

La novela tiene como protagonistas a cuatro mujeres que se hallan discapacitadas intelectualmente -cada una en un grado distinto y específico- o que padecen una 'diversidad funcional', según la terminología oficial, y que comparten, además de esa limitación y de un largo historial de su paso por residencias especializadas, unos lazos de parentesco y un piso tutelado en la Barceloneta.

Nati es el personaje con el que abre fuego el libro, la más discapacitada de las cuatro y también la más rebelde, la que posee más lecturas y un lenguaje más político así como la que menos admite ser rebatida en sus radicales tesis. Padece lo que ella define como 'síndrome de las compuertas' y una pasión por la danza que no está a la altura de su habilidad psicofísica y que adquirirá un recurrente cariz alegórico a lo largo del texto como instrumento de crítica del sistema. Àngels es la menos discapacitada de todas y quien escribe su propia biografía mediante el método de 'lectura fácil' que da título a la novela. Patricia es la convencional de las cuatro primas y tenemos noticia de ella a través de las transcripciones de sus declaraciones judiciales en las que se juzga la posibilidad de esterilizar a Marga, la cuarta de ellas. De esta última, que ni lee ni escribe nada, sabemos a través de lo que de ella dicen las otras o de los documentos del Ateneo anarquista que frecuenta con el objetivo de hacerse con una vivienda en calidad de 'okupa'. Los rasgos psicológicos que la definen como personaje son ese sueño y una sexualidad compulsiva, que es la que suscita la amenaza de su esterilización como elemento dramático de la trama novelesca.

Con los mimbres de estos cuatro personajes y con un 'fanzine' titulado 'Yo, también quiero ser macho', que irrumpe en medio de la novela, Cristina Morales elabora un 'panfleto contra el todo' que deja corto al célebre ensayo de Savater; un discurso antisistema que va contra las propias iniciativas sociales de dependencia asistencial; contra su normativismo, su vigilancia y su control más básicos, que aquí son presentados como parapoliciales; contra carcas y perroflautas; contra progresistas y neoliberales; contra los meapilas y los activistas del LGTBI; contra los mismos antisistema... Lo que diferencia a la locura de esas cuatro heroínas de la que mostraban los héroes del subsuelo dostoyevskiano o del sabatiano es que esta no renuncia a estar del lado del bien de antemano, y adopta el mismo lenguaje político e ideológico, la misma terminología de aquellas instituciones e instancias contra las que arremete, a la vez que adolece de una indisimulada pretensión de legitimidad. Tanto en la novela como en las entrevistas que le han hecho con motivo de la misma, la autora rechaza no ya el término de 'ninfómana' que utilizaría para definir al personaje de Marga la cultura popular, sino también el eufemismo de 'hipersexualizada' que usarían los cerebros de la corrección política. Pero, sin embargo, acaba incurriendo en esta última de modo irremediable cuando explica su conducta no como un desarreglo sino como una forma de «insumisión sexual». 'Lectura fácil' hace una lectura un tanto facilona de la realidad.

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