¿Lo vas a contar en el diario?

Aunque es un destacado poeta y reconocido novelista, Andrés Trapiello regresa a su oficio de genial diarista

JOSÉ BELMONTE

No es la primera vez que Andrés Trapiello cuenta en alguno de estos tomos de su colección 'Salón de pasos perdidos', donde lleva, con el presente, desde 1990, veintiuna obras publicadas, que alguien, que ya conoce estos diarios, se le acerque para interesarse si saldrá lo suyo en una próxima entrega. Y de ser así, qué será lo que ahí se recoja, cómo sintetizará, en unas pocas líneas, su conversación, su razonamiento.

Uno imagina que más de un disgusto le habrá valido al autor el incluir en sus diarios, por más que lo disfrace con una letra inicial, cierta información de alguno de sus contemporáneos. Y mucho más si se trata de gente de su mismo oficio, tan proclive a la exaltación de su propio ego, lo que nunca pasa por alto la mirada atenta de un escritor como Trapiello. Y lo mejor de todo es que lo que en apariencia puede resultar insignificante, nuestro autor sabe sacarle la suficiente punta hasta convertirlo en materia novelable, que es lo que en verdad interesa. En cualquier caso, los diarios de Trapiello, desde el primero hasta este que se acaba de publicar, y cuyo título está extraído de un texto de la 'Celestina' que a todos se nos había pasado por alto, son una auténtica obra maestra sin precedentes en nuestra literatura. Miles de páginas escritas primorosamente, repletas de ideas geniales, de frases hermosas, casi lapidarias, que en otras manos menos hábiles hubieran bordeado lo cursi e insustancial.

Impagable, ese largo y divertidísimo apartado en el que el escritor leonés describe con minuciosidad de cirujano los avatares de un congreso de escritores, hispanistas y académicos en tierras colombianas, con la presencia estelar del rey del mambo, GGM. Gabo, para los amigos.

Al frente de estas páginas, como pórtico a un libro repleto de sabiduría que no está reñida con lo entretenido, las palabras extraídas de uno de sus libros favoritos, de uno de sus autores predilectos, de los más citados a lo largo de su vida: Galdós y su monumental 'Fortunata y Jacinta'. La cita es bien conocida. Pero Trapiello tiene la habilidad de sacarla nuevamente a relucir porque es la pieza que explica su intención a lo largo de estas y, casi diríamos, del resto de sus páginas escritas hasta ahora: «Por doquiera que el hombre vaya lleva consigo su novela».

Por aquello de que algunos no salen muy favorecidos en estos diarios, puede que haya quien diga que Trapiello, en el fondo, comete un crimen. De acuerdo. Pero, en cualquier caso, se trata de un crimen perfecto. Además, ya se sabe que, desde los tiempos de Thomas de Quincey, el asesinato, siquiera sobre el papel, está considerado como una de las bellas artes.

 

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