Clara Sánchez y los personajes malvados

La escritora Clara Sánchez. / jordi alemany
La escritora Clara Sánchez. / jordi alemany

En su nueva novela, la autora vuelve a un tema recurrente en su narrativa: el mal en estado puro que se sirve de una careta de bondad para ganarse la confianza de la víctima

IÑAKI EZKERRA

Los malos de Clara Sánchez son malos de verdad. El género negro se sirve, para meter el miedo en el cuerpo del lector, de un repertorio de recursos que en el fondo es bastante limitado. Unas veces es la escenografía sanguinolenta de sus crímenes, propia de los asesinos en serie, que no obedecen a sus intereses sino a una pulsión psicopática de la que no pueden sustraerse y que a menudo es a ellos mismos a los que también destruye. Otras veces es el implacable pragmatismo criminal del malhechor económico. Un mafioso no es, al menos en principio, un ser que mata por placer, sino por intereses crematísticos. Mata -eso sí- a quien haga falta, pero en sus asesinatos la crueldad cumple una función meramente aleccionadora -digamos que pedagógica- para quienes pretendan resistirse a sus órdenes o al pago de sus 'impuestos'. Queda el caso de los malos vocacionales y a la vez un tanto cotidianos de Clara Sánchez; gente cercana, con una apariencia inofensiva, con una máscara de bondad incluso y con un afán de hacer el mal que suele tener algo de desinteresado y al mismo tiempo de mediocre, de gratuito y de asociado al puro placer. En 'El cielo ha vuelto', la novela con la que obtuvo el Planeta en 2013, una modelo descubría que su vida corría peligro y que quien la amenazaba pertenecía a su propio entorno. En 'Lo que esconde tu nombre', la obra con la que ganó el Nadal tres años antes, una joven embarazada veía su vida seriamente amenazada por una encantadora pareja de octogenarios noruegos que ocultaban su siniestro pasado nazi en el Levante español. En 'El amante silencioso', su última entrega literaria, el rostro del mal, que se oculta tras una careta de bondad y sabiduría, es también el de un anciano, el líder de una secta de Kenia que responde al nombre de Maína y que ha hecho de la presunta espiritualidad un instrumento de captación, dominación y manipulación de los otros.

Al igual que en 'Lo que esconde tu nombre', Clara Sánchez recurre a un ingrediente clásico del 'best seller', como es el de un paisaje de postal. Si en aquella ocasión eran las soleadas playas del litoral levantino, en esta son las misérrimas aldeas y los exóticos campos africanos. Hasta ellos se traslada Isabel García, la heroína de la historia y la propietaria de la voz que narra en primera persona a lo largo de todo el libro. Isabel trabaja para una Asociación de Víctimas Dependientes que presta socorro a una amplia galería de necesitados, «desde exyihadistas arrepentidos hasta adictos a las drogas, al alcohol, al juego, al sexo...». Pero la misión que acepta y que constituye la trama argumental de la novela no tiene por objetivo ninguna de esas dependencias, sino rescatar a un tal Ezequiel de las garras de una secta, la del citado Maína, por la que ha sido abducido. Para afrontar dicha tarea deberá infiltrarse en la Orden Humanitaria (así se llama la comunidad iniciática) como una neófita más. Ezequiel es un joven con serios problemas de autoestima que se agravaron cuando fue abandonado por su novia. En él ve la protagonista proyectada la imagen de su propio hermano, que sufrió una similar experiencia que lo condujo a un suicidio del que ella se siente culpable. Su comprometida operación de rescate queda, de este modo, planteada como una personal búsqueda de redención.

En esa arriesgada labor, en la que deberá burlar las suspicacias del gurú Maína, Isabel contará con un inesperado aliado, Said, un tipo que conduce una moto cochambrosa y que aparece en escena cuando se le necesita. Se repite, así, de manera literal un esquema que ha sido una constante en la trayectoria novelística de Clara Sánchez. En 'Lo que esconde tu nombre', la protagonista contaba con la incondicional ayuda de Julián, un viejo republicano español jubilado que había sufrido el internamiento en el campo de concentración de Mauthausen y que ahora se había convertido en un cazanazis. En 'El cielo ha vuelto' ese mismo papel de socorrista lo encarnaba Viviana, una barcelonesa poseedora de poderes paranormales que era quien advertía a la modelo de que alguien la deseaba muerta. En esta ocasión será la providencial ayuda de Said la que permitirá a la protagonista eludir los peligros que la acechan y conocer la verdad no solo del líder Maína, sino de otros personajes, como el padre Andrés, ocultos en una máscara de bondad que el lector presume en su impostura antes del desenlace. Esta es una de las objeciones que cabe poner a 'El amante silencioso', una novela en la que el supuesto silencio da demasiados gritos.