Cara y cruz de Japón

Sayaka Murata ha escrito una novela sobre los valores imperantes hoy en ese país de Extremo Oriente

J. ERNESTO AYALA-DIP

Mi relación con el mundo japonés era casi nula, excepto mis prejuicios y asumidos estereotipos de esa comunidad. Desde hace unos años, mirando a turistas japoneses pasear e ir de compras por el Paseig de Gràcia de Barcelona, mi visión de ellos cambió copérnicamente. De ver o visualizar a nipones sacando siempre fotos, pasé a ver y reconsiderar su existencia bajo otro prisma. Ahora veo ciudadanos japoneses distintos, de clase media y alta, vestidos con ropas clásicas o de una modernidad que ya quisieran los modernos de nuestro país. Veo ahora también no solo una nube de turistas siguiendo a sus guías, sino a parejas de distinta condición, novios, novias, chicas y chicos, chicas con chicas y chicos con chicos, enamorados, etc. He leído a los clásicos de la literatura japonesa. Leí una soberbia novela, 'Estupor y temblores sobre una oficinista japonesa', de la escritora belga Amélie Nothomb, basada en su propia experiencia personal como empleada en una empresa nipona. Ahora me llega de la escritora japonesa Sayara Murata 'La dependienta'.

Escrita en primera persona, la novela relata la vida y rutina de una dependienta. Se llama Keiko Furukura, es soltera y tiene 36 años. Keiko lleva dieciocho años trabajando en una cadena de tiendas. Estas abren las 24 horas del día durante los 365 días del año. Keiko entregó 18 años de su vida a esa empresa. Pero un día comenzó a tener problemas. Resulta que trabaja en esa empresa por horas, de lunes a viernes. No tiene un contrato fijo. No tiene novio, no tuvo nunca relaciones sexuales ni con hombres ni mujeres. Sus amigos más íntimos comienzan a preguntarle por su vida privada, extrañándose de que no tenga previsto casarse, tener un empleo fijo e hijos. Keiko comienza a tener la sensación de que no es 'normal', por lo menos normal como la gente entiende la normalidad en la sociedad en la que vive. Un día conoce a una especie de alma gemela, un joven, que como ella, tampoco es considerado 'normal'.

Sayara Murata ha escrito una magnífica novela sobre los valores que imperan en el Japón, unos valores soportados sobre tradicionalismo a ultranza más ultraliberalismo. Tambien se critica en esta novela el servilismo a que está sometida la mujer en Japón. Lo que yo veo en Paseig de Gràcia es probablemente la cara amable del Japón. La de Murata, su cara más desagradable.