Las calles más peligrosas de la noche

Como a Macbeth, la ambición desbordante borra las fronteras de lo prohibido

ANTONIO ORTEGA

La diversidad cultural de esta sociedad global posibilita espacios de interés a muchas inquietudes artísticas y estilos literarios. Así, la novela negra ocupa un lugar importante en la historia de la literatura durante buena parte del siglo XX y lo que va de este. De la Gran Depresión en los años 20, sin olvidar al precursor, Edgar Allan Poe, nace el subgénero, con Raymond Chandler, Simenon, Agatha Christie y Conan Doyle como estrellas planetarias. En nuestro país, desde García Pavón a Montalbán, Lorenzo Silva, Giménez Bartlett, Juan Madrid o Andreu Martín mantienen el interés de los lectores que esperan con avidez nuevas tiradas de aventuras de sus detectives, Pepe Carvalho, Bevilacqua, Petra Delicado, etc.

Ahora, el lorquino Mariano Valverde, con una trayectoria más que honrosa en el campo de la poesía, publica su primera novela, 'La máscara de Macbeth', haciendo honor al estilo narrativo, casi cinematográfico, de las mejores novelas policiacas.

El detective Pedro Colón, maduro, cansado y solitario, una pizca irónico, tiene que investigar quién o quiénes son los autores de varios asesinatos cometidos en los clubes nocturnos del distrito de Chueca en Madrid. Sus sospechas recaen en Inocencio, un actor de doblaje que quiere interpretar a Macbeth, Jeromo, un delincuente con ínfulas de capo madrileño y enamorado de Merlene, la estrella del espectáculo, Marc Foster, un ambicioso agente de artistas y Ava Chueca, una misteriosa joven que exhibe su belleza convulsa en el club Paradise.

Pedro Colón pronto se da cuenta de que bajo la capa impactante de la sangre, se esconden ambiciones diversas, secretos inconfesables y razones misteriosas. Los personajes son prototipos del género, que actúan según su instinto, sin reflexionar ni tener en cuenta la ética de sus actos, que ejecutan a su capricho o deseo, a su pasión o a su espíritu de supervivencia. El espacio urbano, nocturno, de la ciudad de Madrid protege las veleidades de los perversos. Las luces de neón y los sones de Sabina perfilan los pasos perdidos de aquellos que caminan detrás de una quimera o huyen de un maleficio.El lenguaje propio, de léxico duro y rotundo, de la calle, popular, sin digresiones ni pesadas reflexiones, se adapta a la acción y al diálogo, que acuña pinceladas de ironía, de crítica social o denuncia política -es el año 2014- para jugar al despiste con el lector y que no desvele muy pronto las huellas del crimen.

Mariano Valverde cumple con rigor las reglas del género policial que en su día expuso Todorov. Y nos guía sin aliento por las calles más peligrosas de la noche madrileña hasta la última puerta de la habitación más oculta del barrio que vigila Pedro Colón. Descúbrelo, lector. No te defraudará.

 

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